Martes 12 de Julio
La rutina me está matando. El trabajo está más aburrido que nunca y no puedo conseguir nada mejor. ¿Seré un fracaso? Mi padre siempre decía que las mujeres solo servían para criar niños. ¿Se estaba volviendo realidad esa frase que tanto le discutí?
¿Para qué pensar en niños?, si ni cerca de eso estoy. Creo que fue hace dos semanas que Benjamín me propuso buscar “la solución a todos nuestros problemas”. Está bien, lo acepto, tenemos problemas matrimoniales como todas las parejas que habitan la imperfecta tierra, pero… ¿Para tanto? ¿Sabe él lo que implica crear una familia? Creo que no sería la solución a nada, el problema fue habernos casado sin haber probado convivir juntos antes. ¿No fue una locura?
Y así y todo me propuso que tengamos un hijo juntos. ¡Egoista! ¿No se da cuenta de que ahora no puedo? Si el supiera lo que sueño día tras día entendería mis motivos. Pero, no puedo contárselos. Hay veces que realmente me pregunto qué hago casada con un hombre como él.
Otras veces me vienen a la mente imágenes de qué hubiera sido mi vida si me hubiese enamorado de un escritor. Literatura, viajes cultos, poesía. Ayyy… cuánto que me falta para ser felíz!
Así caigo rendida a la noche día tras día, me duermo plácida pero tensa luego de dos o tres horas de insomnio.
Y ahí comienza el verdadero problema. Ya no abarca a Benjamín ni a mis asuntos en casa. Paso a otro plano. Mi mundo se paraliza intentando explicar las locuras que crea mi mente en su inconsciente. Y lo más grave es que creo que no es fantasía, sino que es real. Cierro los ojos y entro en su mundo.
Miércoles 13 de Julio.
No puedo dejar de pensar en lo que ocurrió y por esto escribo.
Apareció. Apareció otra vez. Soñé nuevamente con ella; su imagen volvió a opacar (o iluminar, depende quién lo mire) mi noche. Ella corría, desesperada, en busca de un refugio. Sus pasos eran cortos y ágiles, pero su respiración ya no aguantaba más.
La fría noche de invierno ponía su piel de gallina. Entró en crisis al ver que alguien la alcanzaba.
Escapaba de él, que la perseguía con un látigo en la mano. Y no eran los años egipcios del faraón, era actual, allá en París. ¿Por qué le quería pegar? ¿Quién era él?
Sus lágrimas se derramaban con tanta angustia que me desperté llorando yo también.
Benjamín asustado preguntó que ocurría. No pude responderle, le dije que el tema del niño me tenía un poco asustada, me abrazó y calmó. Pero no logró ningún efecto. Mi esposo sabe que algo le oculto, pero no lo puedo compartir con él, no lo entendería.
Mi sueño había ocupado prácticamente el 90% de mis pensamientos. Yo estaba segura que había algo más: Ella era especial. Ella era real.
Viernes 15 de Julio
Si bien tuve un día agitado (fui de acá para allá, jugué al Tenis, trabajé y cociné) no fue motivo suficiente para que mi mente descanse. Acabo de soñar la continuación de la historia, como si nunca me hubiese despertado.
Cuando ella cayó rendida al suelo, él le pegó con su látigo en la espalda, y le rasguñó la cara. Luego desapareció, dejándola tendida en el piso.
Le gritó algunas palabras que la hirieron. Algo así como “fracasada” o “mujer inservible”. También le dolió su herida;
¡Ay, me duele! Siento cómo comienza a cicatrizarse mi herida. Su herida. Nuestra herida. Me duele y estoy con la cara manchada de sangre, buscando pedazos de algodón y cinta adhesiva para sanarla.
¿Quién era ella?
Viernes 16 de Julio
Creo que lo descubrí. Me apareció el indicio ésta mañana cuando entendí que dos cosas podían convivir en distintos lugares al mismo tiempo. ¿Viste cuando pensás algo mucho tiempo seguido y te la terminas creyendo? Como cuando me creí que era fea por aquel comentario del chico de Caballito ese día veraniego tan triste. Ese engreído que me dejó con el autoestima por el piso tres días seguidos, y fue causante de que engorde dos kilos por no parar de comer potes gigantes de helado.
Bueno, me pasa esto ahora. Se me metió en la cabeza la idea de que hay alguien igual a mí en otro lado del mundo. Al principio resultó divertido, más aventurero que otra cosa, pero lamentablemente me la terminé creyendo. Y digo lamentablemente porque me asusta, porque no solo me lo creo, sino que cada vez tengo más pruebas que lo demuestran.
Cuesta, ¿cierto? Pero no tengo más opción que confiar en mis instintos. Sino, definitivamente, estaría entrando en la locura y no lo iba a aceptar. Aún soy muy joven para tener ese tipo de problemas, así que decidí ocuparme del problema actual: ella. ¿Era ella?
Ella era yo. Yo pero en otro lado, lejos. Yo distinta, pero igual.
Habitaba en París, a diferencia mío que tengo que bancarme día tras día los piquetes de los obreros, los robos casi a diario, la contaminación de mis calles y la publicidad del PRO en todos los semáforos de la ciudad.
París era distinto.
Lunes 19 de Julio
Puede sonar una controversia pero, allá en París tan bello y ella tan infeliz. Y yo, acá, medianamente conforme con mi vida pero en una ciudad que deja mucho que desear. Aunque, si me pongo a pensarlo, vuelvo a repetir que ella soy yo. Entonces, soy yo pero infeliz. Yo pero en París.
Era ella, ella que era yo, y tan distinta.
De a momentos es amor, de a momentos odio. Y eso que no me gusta la palabra odio, no suelo usarla, pero la verdad es me confundo tanto que siento la necesidad de aplicarla. Podría tratarse de amor-odio. Ja, Ja, Ja, por ahí la quiero más de lo que quiero a Benjamín. Bueno, claramente que de una manera distinta, a ella la querría como una hermana, una hija, o como a mi misma. Pero la odio, porque me molesta día tras día y no me deja en paz.
Siento que me estoy volviendo ciclotímica. No puedo dejar de pensar en ella, ella que es yo, entonces no puedo dejar de pensar en mí.
Mi yo de París vive triste y le pegan. Lo sé, porque lo sueño, y también porque lo siento.
Si no sueño con ella, en algún momento del día me aparece su imagen (mi imagen) sufriendo allá despechada. Mi esposo ve cómo mi cara se transforma cada vez que su apariencia irrumpe mis pensamientos. No entiende nada, me mira, se lamenta y balbucea algo para sí mismo. Y a mí no me importa, sé que hay algo que tengo que resolver.
Siento su frío, su dolor, su llanto.
¿Por qué no me deja en paz?
Lunes 20 de Julio
¡Gran día para mandarle una postal!
Me han llegado dos del día del amigo. Una de Ariana y otra de Paula.
Nada de mí. Nada de ella.
Desgraciada! Si ella sabe lo que ahora yo sufro, ¿No debería mínimamente mandarme un mail de agradecimiento? Un gesto, algo, para que yo sepa que no es sólo producto de mi imaginación.
Desagradecida y sin embargo, no puedo odiarla.
Ella es yo y la quiero.
Decidí no enviarle nada de feliz día. Por lo menos éste año no se lo merecía.
Sin embargo, no descarto la idea de conocerla. Me entusiasma, exaspera y exalta la posibilidad de ver un ser que soy yo. Podría viajar y entonces también conocería París y por ahí podría estudiar Arte allá para formar una nueva vida y…
Definitivamente estoy loca. Esto de escribir me está afectando seriamente. ¿Cómo voy a ir a París si ella siquiera me ha dado un indicio de que existe?
Miércoles 22 de Julio
Sé que sufría. Sé que era infeliz. Lloraba por amor y porque ¡Ay! Me duele. Siento su dolor, siento su sufrimiento. Soy yo, y le pegan.
Ella sabe que estoy acá, sintiendo lo mismo que ella. Le gusta que alguien viva su sufrimiento, la libera. Pero ese alguien soy yo, y no puedo estar en paz porque sé de su existencia y su dolor. Por esto mi odio, pero también tantas ganas de estar allí con ella (que soy yo) y ayudarla.
Decididamente tengo que viajar. O ella tiene que venir para acá. Eso me lo confirmará la próxima vez que la vea en el sueño.
Yo le conté a la mamá de mi amigo Ariel que ya no iba a ser la misma si realizaba ese viaje, pero ella supuso que era por la emoción del momento; “Un viaje te cambia la perspectiva de toda la vida” solía decirme. ¡Qué inferioridad, señor! Si entendiera que en realidad no me iba a cambiar la perspectiva, sino toda mi existencia!
Yo no sé qué es lo que cree la gente, pero estoy segura de que nadie comprende lo que yo siento.
Si digo que soy yo pero en París, ¿por qué no me creen?
Jueves 23 de Julio
Por las noches siento frio, pese a ser verano en mi ciudad. Sé que no es por mí, sino por ella, indefensa, durmiendo en el frío invierno de Europa sin frazadas ni colchas calientes. Siquiera tiene un colchón. Duerme en el suelo, en donde queda espacio. Y tiene frío, mis dientes tiemblan junto con el frío que siente mi cuerpo. 30 grados en Buenos Aires, y yo, preocupada, pensando que me subió la temperatura, me doy cuenta que no. Que mi frío se debe a ella, que está allá y tiemblo.
Grita mi nombre. Grita ayuda y está desesperada. Ya todo se vuelve insostenible, tormentoso. Debo verla lo antes posible, debo ayudarla. Ella es parte de mí.
Podré viajar en dos o tres semanas, solo debería informar a Benjamín que necesito un tiempo para pensar “sobre su propuesta” e irme nomás, al encuentro con ella, con la extraña tan cercana.
Pronto nos conoceremos.
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Está mejor ahora??
Acá me quede. no sé cómo seguirlo, si hacer que se encuentren o si no...
Hola Sasha!
ResponderEliminarMejor, más coherente internamente. Me gusta el juego de palabras ella/yo.
Quizás dejar al historia al borde del encuentro...? En el mismo momento en que se encuentran?
Me hizo acordar a esto: http://www.youtube.com/watch?v=TXZdj1A1iP0
Saludos,
Emilia