Estimada Clotilde:
Agradezco enormemente su preocupación hacia mi persona. Realmente el temita del turbante no es uno de los más gratos que me toca vivir, vea usted que sigo soltera. El hombre que deseo es incapaz de aceptarme tal cual soy, por motivos que usted ya conoce.
Admiro su capacidad para intentar convencerme (siempre con buenas intenciones, por supuesto) de que quitármelo es la libertad más grande que puedo regalarme, pero si la analizo más a fondo, me parece desde graciosa hasta inadecuada su propuesta.
El turbante representa para mi el secreto de la vida misma. La juventud eterna es un don que pocas poseemos (Admirable, ¿verdad?) y debemos resguardar a salvo. Cuando yo era niña, prometí a mis ancestros asumir la responsabilidad que esto merecía, incluyendo no revelar nunca el secreto ni quitarme el turbante de mi cabeza.
Sé que quizás no podré tener al hombre de mi vida, pero al ser eternamente joven, posiblemente algún hombre de otro tiempo se fijará en mí puesto que las cosas deben cambiar. El mundo es una constante transformación, y lo que hoy es prohibido, mañana es Ley. Mis anhelos de que esto suceda son gigantescos, día tras día rezo a mi Dios por que haya un cambio de actitud en el mundo, una nueva mentalidad, y lo mejor de todo, ¿sabe qué es? Que va a llegar pronto. Pronto, para mí, serán unos 80 años. ¿Qué me molesta esperar, si voy a seguir poseyendo mi preciosa cara de porcelana?
Lamento que usted no pueda decir lo mismo que yo. Sus años pronto se irán notando en cada arruga de su cara, y su pelo se pondrá blanco como el de su gato. Pero despreocúpese, podrá verme a mí y sentirse joven otra vez. ¿Nunca pensó en visitar al mago para usted? Digo, para hacerse unos retoques mágicos o algo que no la deje como “la vieja bruja”. Disculpe mi discordancia, no se lo tome mal, pero es que cuando una tiene tanta juventud por delante es inevitable realizar ese tipo de comentarios.
Respecto al tema de mi poca capacidad para el habla, o, como usted lo llama, tartamudez, puedo decir que me ofende bastante. Sinceramente es difícil encontrar la palabra precisa al momento exacto, pero nunca imposible. Su mago podría solucionarme cosas al instante, pero, ¿Dónde estaría mi esfuerzo? ¿Qué sería de mi autoestima si todo depende de los otros? Señora Clotilde, la vida es una y está llena de obstáculos. No pretenda seducirme con cosas maravillosas para que mi felicidad esté en éste instante. Soy una princesa que sabe esperar. No como las otras, todas maleducadas y malcriadas, niñas caprichosas. Mi tranquilidad endulza cualquier alma de este planeta, y sé esperar al momento exacto para que la salvación me llegue.
Pronto me conocerán (si es que usted sigue en este mundo) como la reina del habla, de la palabra y de la belleza. Le repito que la paciencia otorga todo, hay que saber esperar para conseguir buenos resultados. Si me dan todo servido, ¿Qué gano? Podría tener a mi príncipe al instante, pero, ¿Me querría por lo que realmente soy?
Yo soy esto. Soy de mi tribu y mi familia usa turbante. Hoy por hoy está prohibido en la del príncipe, pero sé que en otro tiempo todo saldrá mejor. No dejo de admitir que me encantaría que suceda ahora, pero si no se puede lo respeto. Él al igual que yo tiene sus tiempos. Se que en algún momento vendrá hacia mí.
Con respecto a usted, lamento rechazar su propuesta brujita, pero sepa que miles de otras princesas podrán caer en sus hermosas palabras tan encantadoras. Al tener paciencia, pude darme el tiempo necesario para leerla las veces que me fuese necesarias y lograr llegar a la conclusión de que prefiero seguir con mi vida tal cual está. Si hay algún cambio no vendrá de afuera, los cambios se generan de adentro, de uno mismo. Es eso lo que lleva al crecimiento.
Espero que usted pueda encontrar su propio camino sin depender tanto del otro, estoy segura que sus dotes también le cederán lo que busca. ¿Aprendizaje para la vida de una joven princesa? Busque en sí misma. Allí encontrará la respuesta. Cuando entienda que ese final felíz que tanto busca está sobre usted, dejara de intentar convencerme de que confiar en usted es la mejor alternativa.
Cariños, Princesa de las Arenas.
martes, 4 de octubre de 2011
Carta a la princesa de las Arenas
Estimada princesa de las Arenas:
Con mucho respeto me dirijo hacia usted para devolverle las esperanzas.
Tras años de luchar contra lo mismo, sé la frustración que siente al saber que nunca podrá corresponderle a quien usted ama, al príncipe Salomón de Toledo.
Ya son conocidas en todo nuestro reino las tradiciones del pueblo de su imposible: Solo el rey y el príncipe heredero están autorizados a utilizar en su cabeza turbantes. Todo aquel (a excepción de ellos) que lo posea, será considerado enemigo de la patria.
Entiendo cómo se siente, y comprendo sus motivos para no quitarse su turbante.
La tradición familiar tiene un peso enorme en lo que usted lleva puesto, ya que está obligada a transmitir de generación en generación el secreto de la juventud eterna, para que éste prosiga en el tiempo. Pero… ¿Hasta qué punto va a seguir viviendo con ese peso consigo? ¿No le gustaría acaso gritar a cuatro vientos el poder de su turbante? ¿No le agradaría quitase el turbante e ir corriendo en busca de su verdadero amor?
Miles de pensamientos se le deben haber cruzado por su cabeza alguna vez. Es una elección entre él o su tradición. Pero ya sabe que sin turbante, hay príncipe. ¿Qué culpa tiene usted de haberse enamorado de él? Observe que con el simple hecho de quitarse el turbante, usted sería libre de hacer con su vida lo que desee.
Por otra parte, la belleza es una característica en usted que le vino de nacimiento. Sin embargo, él no puede mirarla. Esto se debe a su tradición de pueblo, pero también al horroroso diseño del turbante. No por criticarlo, pero, ¿Nunca se puso a pensar qué pasaría si suelta y muestra ese largo cabello hasta el suelo? Captaría, casi automáticamente, la mirada de todos los príncipes del planeta tierra. Y por supuesto, la de él.
Presiento también que su infelicidad pasa por su incapacidad para hablar correctamente debido a la maldita quemadura que sufrió de pequeña, la cual la volvió tartamuda. ¡Qué desgracia! Si tan solo tuviera el dote de la palabra concreta en el momento justo, le cambiaría todo su panorama actual.
Qué difícil convivir cotidianamente con dificultad para expresar lo que desea. Le juro que entiendo su tristeza, y lo lamento profundamente.
Pero para esto, conozco la solución. Podría darle una cita con el prestigiosísimo mago Leijman, quien podrá curar su problema con sus hechizos tan maravillosos. Yo solo podría atreverme a molestarlo si usted me otorga el turbante, del cual cuidaré como mi tesoro más preciado. Le ofrezco que me lo otorgue a mí, para que usted finalmente pueda entregarse a la felicidad.
La juventud eterna le está costando demasiado cara, ¿no cree?
Apunto al hecho de que: ¿Para qué le sirve nunca envejecer si no va a obtener a quien usted ama de todos modos?
No intento forcejearla a negociar, solo vengo con buenas intenciones para ayudarla a comprender que en realidad, gran parte de su infelicidad está en llevar ese turbante consigo, y que yo se como hacerla felíz.
Siéntese entonces un instante y piense, ¿está dispuesta a ser feliz? Si es real que para el amor no hay fronteras, ¿es capaz de cruzarlas? Piense, piense, piense e imagínese en sesenta años, ya anciana, vieja y no tan bella, pero con quien ama tomándola de la mano cada mañana. Ahora abra los ojos y dígame si no se vio con una enorme sonrisa cubriendo su rostro.
Prometo que, de aceptar mi propuesta, no se va a arrepentir.
Sinceramene,
Clotilda.
Con mucho respeto me dirijo hacia usted para devolverle las esperanzas.
Tras años de luchar contra lo mismo, sé la frustración que siente al saber que nunca podrá corresponderle a quien usted ama, al príncipe Salomón de Toledo.
Ya son conocidas en todo nuestro reino las tradiciones del pueblo de su imposible: Solo el rey y el príncipe heredero están autorizados a utilizar en su cabeza turbantes. Todo aquel (a excepción de ellos) que lo posea, será considerado enemigo de la patria.
Entiendo cómo se siente, y comprendo sus motivos para no quitarse su turbante.
La tradición familiar tiene un peso enorme en lo que usted lleva puesto, ya que está obligada a transmitir de generación en generación el secreto de la juventud eterna, para que éste prosiga en el tiempo. Pero… ¿Hasta qué punto va a seguir viviendo con ese peso consigo? ¿No le gustaría acaso gritar a cuatro vientos el poder de su turbante? ¿No le agradaría quitase el turbante e ir corriendo en busca de su verdadero amor?
Miles de pensamientos se le deben haber cruzado por su cabeza alguna vez. Es una elección entre él o su tradición. Pero ya sabe que sin turbante, hay príncipe. ¿Qué culpa tiene usted de haberse enamorado de él? Observe que con el simple hecho de quitarse el turbante, usted sería libre de hacer con su vida lo que desee.
Por otra parte, la belleza es una característica en usted que le vino de nacimiento. Sin embargo, él no puede mirarla. Esto se debe a su tradición de pueblo, pero también al horroroso diseño del turbante. No por criticarlo, pero, ¿Nunca se puso a pensar qué pasaría si suelta y muestra ese largo cabello hasta el suelo? Captaría, casi automáticamente, la mirada de todos los príncipes del planeta tierra. Y por supuesto, la de él.
Presiento también que su infelicidad pasa por su incapacidad para hablar correctamente debido a la maldita quemadura que sufrió de pequeña, la cual la volvió tartamuda. ¡Qué desgracia! Si tan solo tuviera el dote de la palabra concreta en el momento justo, le cambiaría todo su panorama actual.
Qué difícil convivir cotidianamente con dificultad para expresar lo que desea. Le juro que entiendo su tristeza, y lo lamento profundamente.
Pero para esto, conozco la solución. Podría darle una cita con el prestigiosísimo mago Leijman, quien podrá curar su problema con sus hechizos tan maravillosos. Yo solo podría atreverme a molestarlo si usted me otorga el turbante, del cual cuidaré como mi tesoro más preciado. Le ofrezco que me lo otorgue a mí, para que usted finalmente pueda entregarse a la felicidad.
La juventud eterna le está costando demasiado cara, ¿no cree?
Apunto al hecho de que: ¿Para qué le sirve nunca envejecer si no va a obtener a quien usted ama de todos modos?
No intento forcejearla a negociar, solo vengo con buenas intenciones para ayudarla a comprender que en realidad, gran parte de su infelicidad está en llevar ese turbante consigo, y que yo se como hacerla felíz.
Siéntese entonces un instante y piense, ¿está dispuesta a ser feliz? Si es real que para el amor no hay fronteras, ¿es capaz de cruzarlas? Piense, piense, piense e imagínese en sesenta años, ya anciana, vieja y no tan bella, pero con quien ama tomándola de la mano cada mañana. Ahora abra los ojos y dígame si no se vio con una enorme sonrisa cubriendo su rostro.
Prometo que, de aceptar mi propuesta, no se va a arrepentir.
Sinceramene,
Clotilda.
jueves, 25 de agosto de 2011
Proceso de escritura del proyecto narrativo II
Me tomé el hacer el proyecto como un desafío personal para lograr ver qué había podido incorporar de la primera mitad del año del taller.
En una primera instancia, tuve la idea de realizar un texto narrativo que cuente un viaje. Se me había ocurrido un asilo de ancianos, y el paso de la vida a la muerte. Luego de analizarlo brevemente, me di cuenta de que en primer lugar era un tema super delicado y angustiante (cosa que no necesitaba en ese momento) y a su vez, era necesario más experiencia (en el sentido de cómo actúan, cómo piensan, etc.) sobre éste tipo de lugares.
A partir de acá y siguiendo los consejos dados en la clase, comencé a leer varios autores. Primero comencé con Kafka, de cual rescato el hecho de contar la historia secreta con claridad y sencillez, y el narrar la historia visible hasta convertirla en algo enigmático y oscuro. Me gustó la idea de narrar el problema central del texto con suma naturalidad, poner lo terrible en el punto de partida y desde ahí que sea amenazador. Fue por esto que en mi texto, desde un principio apareció el problema de “la doble” tomado por la narradora de una manera más “terrible” pero natural, el cual va generando suspenso a medida que avanza el relato.
La idea de jugar con la constante amenaza de que lo peor ocurra me parece super válida e interesante.
Estuve mirando a Chejov también entre otros, pero no me terminó de convencer ya que no tiende a usar finales sorpresivos, algo que a mí personalmente me encanta.
Por otra parte, leí por segunda vez La Metamorfosis. Rescaté cómo el autor plantea desde un principio la ridiculez de la situación, la problemática que es y sin vueltas. Creo que es más llevadero y fácil de entender. De él tomé esto para lograr construir a mi personaje, quien desde un principio larga el problema sin enroscarse, lo cual desde mi punto de vista genera más atrape en el lector.
Finalmente, en quien más se basó mi texto fue en el libro Bestiario de Julio Cortázar. El mismo contiene una serie de cuentos, y yo de él miré primero el estilo de escritura de “Cartas de una señorita de París”, ya que me pareció divertida la idea de contar todo por medio de notas de confesiones o revelaciones de pistas. En segundo lugar, tomé la temática de Lejana, un cuento donde la protagonista nota la existencia de una doble y no para hasta encontrarse con ella. En el cuento, Alina Reyes tiene un diario íntimo donde escribe mediante el fluir de su conciencia los pensamientos que se le vienen a la cabeza respecto al sentimiento de “la otra Alina”.
A partir de acá comencé a juntar las distintas ideas para ir dando forma a mi texto.
Empecé por plantear al viaje como metafórico, pero terminó siendo real. Mi personaje viaja al encuentro con su doble para encontrarse con ella.
La idea de doble personalidad o doble vida siempre me pareció interesante. Creo que al hablar de cierto grado de “locura” se puede jugar mucho más con el vocabulario, sensaciones y percepciones del personaje. Al ser algo fuera de lo normal, me da la sensación de que se abre lugar a jugar mucho más con lo estructurado del día a día, y pueden llegarse a fronteras mucho más extrañas.
Cuando comencé a escribir el texto, lo hice en el formato de monólogo interior. Sin embargo, me di cuenta que no me llevaba a ningún lado porque el texto estaba desorganizado y desordenado. Le faltaba sentido, no se entendía bien el mensaje y en un punto ya resultaba aburrido. Fue por esto que decidí elegir otro tipo de formato; el diario íntimo. Fecha por fecha la protagonista narraba qué le ocurría en el día, a su vez que se avanzaba en la historia. Mediante este formato pude en primer lugar lograr mayor credibilidad, y en segundo que resulte más llevadero. A su vez, a medida que iba pasando el tiempo real (Fechas en las que escribía el diario) sus sentimientos eran cada vez más reales y mimetizados con su doble, entonces indicaba esto también un avance en el conocimiento y aceptación de la existencia de otro.
Mediante el diario íntimo, mi personaje iba sacando sus propias conclusiones acerca de lo que iba averiguando sobre su doble. Ella escribía allí todas sus averiguaciones, coincidencias y sentimientos. Me pareció que tanto como para el lector, así como para mí que lo estaba escribiendo, era una manera mucho más dinámica de comunicar lo mismo. Mediante el diario íntimo creo que se puede escribir de una manera mucho menos limitante, así como también leer con más hilo el texto.
Utilicé frases como “soy yo y le pegan” o “Ay, me duele, siento su dolor” para connotar el sentimiento del personaje y la misma “mezcla” que ella tenía en su cabeza por notar la presencia de una doble. Mediante el juego este de palabras, mi intento fue de confundir al lector, para que entiendan también la confusión por la que el personaje estaba pasando. Este efecto fue uno de mis preferidos, me gusta la idea de que el personaje pueda transmitir lo que siente causando el mismo efecto en el lector.
Respecto al final, puedo decir que me resultó hasta a mí misma sorpresivo. En un principio tenía la intención de que se junten en París y cambien de vida, una pase a ser la otra mediante una especie de fusión. Sin embargo, creo que eso era demasiado parecido a lo que había ocurrido en “Lejana” entonces entraba en una instancia donde dejaba de sentir mi obra como propia. Básicamente por esto decidí que no se encuentren, y creo que fue sorpresivo por el hecho de que la expectativa era otra. Tanto la protagonista como su doble, se encontraron, se miraron, y cada una siguió su camino.
Me parece también que connota ciertos aspectos de la vida, como cuando la gran expectativa frente a algo termina por ser otra cosa, o sucede todo al revés de cómo lo habíamos planeado.
En una primera instancia, tuve la idea de realizar un texto narrativo que cuente un viaje. Se me había ocurrido un asilo de ancianos, y el paso de la vida a la muerte. Luego de analizarlo brevemente, me di cuenta de que en primer lugar era un tema super delicado y angustiante (cosa que no necesitaba en ese momento) y a su vez, era necesario más experiencia (en el sentido de cómo actúan, cómo piensan, etc.) sobre éste tipo de lugares.
A partir de acá y siguiendo los consejos dados en la clase, comencé a leer varios autores. Primero comencé con Kafka, de cual rescato el hecho de contar la historia secreta con claridad y sencillez, y el narrar la historia visible hasta convertirla en algo enigmático y oscuro. Me gustó la idea de narrar el problema central del texto con suma naturalidad, poner lo terrible en el punto de partida y desde ahí que sea amenazador. Fue por esto que en mi texto, desde un principio apareció el problema de “la doble” tomado por la narradora de una manera más “terrible” pero natural, el cual va generando suspenso a medida que avanza el relato.
La idea de jugar con la constante amenaza de que lo peor ocurra me parece super válida e interesante.
Estuve mirando a Chejov también entre otros, pero no me terminó de convencer ya que no tiende a usar finales sorpresivos, algo que a mí personalmente me encanta.
Por otra parte, leí por segunda vez La Metamorfosis. Rescaté cómo el autor plantea desde un principio la ridiculez de la situación, la problemática que es y sin vueltas. Creo que es más llevadero y fácil de entender. De él tomé esto para lograr construir a mi personaje, quien desde un principio larga el problema sin enroscarse, lo cual desde mi punto de vista genera más atrape en el lector.
Finalmente, en quien más se basó mi texto fue en el libro Bestiario de Julio Cortázar. El mismo contiene una serie de cuentos, y yo de él miré primero el estilo de escritura de “Cartas de una señorita de París”, ya que me pareció divertida la idea de contar todo por medio de notas de confesiones o revelaciones de pistas. En segundo lugar, tomé la temática de Lejana, un cuento donde la protagonista nota la existencia de una doble y no para hasta encontrarse con ella. En el cuento, Alina Reyes tiene un diario íntimo donde escribe mediante el fluir de su conciencia los pensamientos que se le vienen a la cabeza respecto al sentimiento de “la otra Alina”.
A partir de acá comencé a juntar las distintas ideas para ir dando forma a mi texto.
Empecé por plantear al viaje como metafórico, pero terminó siendo real. Mi personaje viaja al encuentro con su doble para encontrarse con ella.
La idea de doble personalidad o doble vida siempre me pareció interesante. Creo que al hablar de cierto grado de “locura” se puede jugar mucho más con el vocabulario, sensaciones y percepciones del personaje. Al ser algo fuera de lo normal, me da la sensación de que se abre lugar a jugar mucho más con lo estructurado del día a día, y pueden llegarse a fronteras mucho más extrañas.
Cuando comencé a escribir el texto, lo hice en el formato de monólogo interior. Sin embargo, me di cuenta que no me llevaba a ningún lado porque el texto estaba desorganizado y desordenado. Le faltaba sentido, no se entendía bien el mensaje y en un punto ya resultaba aburrido. Fue por esto que decidí elegir otro tipo de formato; el diario íntimo. Fecha por fecha la protagonista narraba qué le ocurría en el día, a su vez que se avanzaba en la historia. Mediante este formato pude en primer lugar lograr mayor credibilidad, y en segundo que resulte más llevadero. A su vez, a medida que iba pasando el tiempo real (Fechas en las que escribía el diario) sus sentimientos eran cada vez más reales y mimetizados con su doble, entonces indicaba esto también un avance en el conocimiento y aceptación de la existencia de otro.
Mediante el diario íntimo, mi personaje iba sacando sus propias conclusiones acerca de lo que iba averiguando sobre su doble. Ella escribía allí todas sus averiguaciones, coincidencias y sentimientos. Me pareció que tanto como para el lector, así como para mí que lo estaba escribiendo, era una manera mucho más dinámica de comunicar lo mismo. Mediante el diario íntimo creo que se puede escribir de una manera mucho menos limitante, así como también leer con más hilo el texto.
Utilicé frases como “soy yo y le pegan” o “Ay, me duele, siento su dolor” para connotar el sentimiento del personaje y la misma “mezcla” que ella tenía en su cabeza por notar la presencia de una doble. Mediante el juego este de palabras, mi intento fue de confundir al lector, para que entiendan también la confusión por la que el personaje estaba pasando. Este efecto fue uno de mis preferidos, me gusta la idea de que el personaje pueda transmitir lo que siente causando el mismo efecto en el lector.
Respecto al final, puedo decir que me resultó hasta a mí misma sorpresivo. En un principio tenía la intención de que se junten en París y cambien de vida, una pase a ser la otra mediante una especie de fusión. Sin embargo, creo que eso era demasiado parecido a lo que había ocurrido en “Lejana” entonces entraba en una instancia donde dejaba de sentir mi obra como propia. Básicamente por esto decidí que no se encuentren, y creo que fue sorpresivo por el hecho de que la expectativa era otra. Tanto la protagonista como su doble, se encontraron, se miraron, y cada una siguió su camino.
Me parece también que connota ciertos aspectos de la vida, como cuando la gran expectativa frente a algo termina por ser otra cosa, o sucede todo al revés de cómo lo habíamos planeado.
domingo, 14 de agosto de 2011
Proceso de escritura del proyecto narrativo
Si debería pensar en cómo elaboré el proyecto, podría partír de la base de que en un principio no tenía idea de qué se iba a tratar. Intentaba buscar ideas en la mente acerca de algo que fuera original y lindo para contar, pero mi imaginación era muy limitada. No me jugaba a favor cuando más la necesitaba.
Por eso comencé a leer, o re-leer mejor dicho, ciertos cuentos que ya había trabajado en un pasado, y recién allí comenzaron a surgir las ideas.
En una primera instancia se me ocurrió realizar un texto narrativo que cuente un viaje en particular.
Se me había ocurrido un asilo de ancianos, y el paso de la vida a la muerte. Pensándolo un poco, me di cuenta de que para escribir sobre personas mayores iba a ser necesaria más experiencia, con la cual no contaba. Experiencia en el sentido de saber cómo piensan, cómo actúan, etc. Además, me pareció un tema bastante angustiante para entusiasmarme con él.
Luego me di cuenta que me cerraba más y me parecía más interesante hacerlo un viaje metafórico. Fue ahí donde comencé a pensar la idea de una doble personalidad, o doble vida.
Me basé en un libro que leí en el colegio, Bestiario (cuento “Lejana”) el cual me había gustado mucho.
Comencé a escribirlo en primera persona, como un monólogo interior, pero me di cuenta que no me llevaba a ningún lado. El texto estaba desorganizado y le faltaba orden. No se entendía bien el mensaje, así como también ya en un momento determinado resultaba aburrido.
Fue por eso que decidí cambiar el formato y escribir un diario íntimo, fecha por fecha, de lo que le iba ocurriendo al personaje.
La misma se encontraba en plena confusión mental porque notaba la existencia de una doble. De una igual a ella que habitaba en otro país. Aquella lejana que no la dejaba vivir en paz porque todo lo que le pasaba, ella lo sentía.
Mediante el diario íntimo, mi personaje iba sacando sus propias conclusiones acerca de lo que iba averiguando sobre su doble. Ella escribía allí todas sus averiguaciones, coincidencias y sentimientos. Me pareció que tanto como para el lector, así como para mi que lo estaba escribiendo, era una manera mucho más dinámica de comunicar lo mismo. Mediante el diario íntimo creo que se puede escribir de una manera mucho menos limitante, así como también leer con más hilo el texto.
Utilicé frases como “soy yo y le pegan” o “Ay, me duele, siento su dolor” para connotar el sentimiento del personaje y la misma “mezcla” que ella tenía en su cabeza por notar la presencia de una doble. Mediante el juego este de palabras, mi intento fue de confundir al lector, para que entiendan también la confusión por la que el personaje estaba pasando. Respecto al final puedo decir que tuve varias dudas, ya que no sabía si lograr conectar a los dos personajes o no. Mi decisión fue que cada una siga su camino, porque, a decir verdad, se me complicó el tema de cómo relatar una posible fusión entre ambas.
Por eso comencé a leer, o re-leer mejor dicho, ciertos cuentos que ya había trabajado en un pasado, y recién allí comenzaron a surgir las ideas.
En una primera instancia se me ocurrió realizar un texto narrativo que cuente un viaje en particular.
Se me había ocurrido un asilo de ancianos, y el paso de la vida a la muerte. Pensándolo un poco, me di cuenta de que para escribir sobre personas mayores iba a ser necesaria más experiencia, con la cual no contaba. Experiencia en el sentido de saber cómo piensan, cómo actúan, etc. Además, me pareció un tema bastante angustiante para entusiasmarme con él.
Luego me di cuenta que me cerraba más y me parecía más interesante hacerlo un viaje metafórico. Fue ahí donde comencé a pensar la idea de una doble personalidad, o doble vida.
Me basé en un libro que leí en el colegio, Bestiario (cuento “Lejana”) el cual me había gustado mucho.
Comencé a escribirlo en primera persona, como un monólogo interior, pero me di cuenta que no me llevaba a ningún lado. El texto estaba desorganizado y le faltaba orden. No se entendía bien el mensaje, así como también ya en un momento determinado resultaba aburrido.
Fue por eso que decidí cambiar el formato y escribir un diario íntimo, fecha por fecha, de lo que le iba ocurriendo al personaje.
La misma se encontraba en plena confusión mental porque notaba la existencia de una doble. De una igual a ella que habitaba en otro país. Aquella lejana que no la dejaba vivir en paz porque todo lo que le pasaba, ella lo sentía.
Mediante el diario íntimo, mi personaje iba sacando sus propias conclusiones acerca de lo que iba averiguando sobre su doble. Ella escribía allí todas sus averiguaciones, coincidencias y sentimientos. Me pareció que tanto como para el lector, así como para mi que lo estaba escribiendo, era una manera mucho más dinámica de comunicar lo mismo. Mediante el diario íntimo creo que se puede escribir de una manera mucho menos limitante, así como también leer con más hilo el texto.
Utilicé frases como “soy yo y le pegan” o “Ay, me duele, siento su dolor” para connotar el sentimiento del personaje y la misma “mezcla” que ella tenía en su cabeza por notar la presencia de una doble. Mediante el juego este de palabras, mi intento fue de confundir al lector, para que entiendan también la confusión por la que el personaje estaba pasando. Respecto al final puedo decir que tuve varias dudas, ya que no sabía si lograr conectar a los dos personajes o no. Mi decisión fue que cada una siga su camino, porque, a decir verdad, se me complicó el tema de cómo relatar una posible fusión entre ambas.
Proyecto Narrativo
Martes 12 de Julio
La rutina me está matando. El trabajo está más aburrido que nunca y no puedo conseguir nada mejor. ¿Seré un fracaso? Mi padre siempre decía que las mujeres solo servían para criar niños. ¿Se estaba volviendo realidad esa frase que tanto le discutí?
¿Para qué pensar en niños?, si ni cerca de eso estoy. Creo que fue hace dos semanas que Benjamín me propuso buscar “la solución a todos nuestros problemas”. Está bien, lo acepto, tenemos problemas matrimoniales como todas las parejas que habitan la imperfecta tierra, pero… ¿Para tanto? ¿Sabe él lo que implica crear una familia? Creo que no sería la solución a nada, el problema fue habernos casado sin haber probado convivir juntos antes. ¿No fue una locura?
Y así y todo me propuso que tengamos un hijo juntos. ¡Egoista! ¿No se da cuenta de que ahora no puedo? Si el supiera lo que sueño día tras día entendería mis motivos. Pero, no puedo contárselos. Hay veces que realmente me pregunto qué hago casada con un hombre como él.
Otras veces me vienen a la mente imágenes de qué hubiera sido mi vida si me hubiese enamorado de un escritor. Literatura, viajes cultos, poesía. Ayyy… cuánto que me falta para ser felíz!
Así caigo rendida a la noche día tras día, me duermo plácida pero tensa luego de dos o tres horas de insomnio.
Y ahí comienza el verdadero problema. Ya no abarca a Benjamín ni a mis asuntos en casa. Paso a otro plano. Mi mundo se paraliza intentando explicar las locuras que crea mi mente en su inconsciente. Y lo más grave es que creo que no es fantasía, sino que es real. Cierro los ojos y entro en su mundo.
Miércoles 13 de Julio.
No puedo dejar de pensar en lo que ocurrió y por esto escribo.
Apareció. Apareció otra vez. Soñé nuevamente con ella; su imagen volvió a opacar (o iluminar, depende quién lo mire) mi noche. Ella corría, desesperada, en busca de un refugio. Sus pasos eran cortos y ágiles, pero su respiración ya no aguantaba más.
La fría noche de invierno ponía su piel de gallina. Entró en crisis al ver que alguien la alcanzaba.
Escapaba de él, que la perseguía con un látigo en la mano. Y no eran los años egipcios del faraón, era actual, allá en París. ¿Por qué le quería pegar? ¿Quién era él?
Sus lágrimas se derramaban con tanta angustia que me desperté llorando yo también.
Benjamín asustado preguntó que ocurría. No pude responderle, le dije que el tema del niño me tenía un poco asustada, me abrazó y calmó. Pero no logró ningún efecto. Mi esposo sabe que algo le oculto, pero no lo puedo compartir con él, no lo entendería.
Mi sueño había ocupado prácticamente el 90% de mis pensamientos. Yo estaba segura que había algo más: Ella era especial. Ella era real.
Viernes 15 de Julio
Si bien tuve un día agitado (fui de acá para allá, jugué al Tenis, trabajé y cociné) no fue motivo suficiente para que mi mente descanse. Acabo de soñar la continuación de la historia, como si nunca me hubiese despertado.
Cuando ella cayó rendida al suelo, él le pegó con su látigo en la espalda, y le rasguñó la cara. Luego desapareció, dejándola tendida en el piso.
Le gritó algunas palabras que la hirieron. Algo así como “fracasada” o “mujer inservible”. También le dolió su herida;
¡Ay, me duele! Siento cómo comienza a cicatrizarse mi herida. Su herida. Nuestra herida. Me duele y estoy con la cara manchada de sangre, buscando pedazos de algodón y cinta adhesiva para sanarla.
¿Quién era ella?
Viernes 16 de Julio
Creo que lo descubrí. Me apareció el indicio ésta mañana cuando entendí que dos cosas podían convivir en distintos lugares al mismo tiempo. ¿Viste cuando pensás algo mucho tiempo seguido y te la terminas creyendo? Como cuando me creí que era fea por aquel comentario del chico de Caballito ese día veraniego tan triste. Ese engreído que me dejó con el autoestima por el piso tres días seguidos, y fue causante de que engorde dos kilos por no parar de comer potes gigantes de helado.
Bueno, me pasa esto ahora. Se me metió en la cabeza la idea de que hay alguien igual a mí en otro lado del mundo. Al principio resultó divertido, más aventurero que otra cosa, pero lamentablemente me la terminé creyendo. Y digo lamentablemente porque me asusta, porque no solo me lo creo, sino que cada vez tengo más pruebas que lo demuestran.
Cuesta, ¿cierto? Pero no tengo más opción que confiar en mis instintos. Sino, definitivamente, estaría entrando en la locura y no lo iba a aceptar. Aún soy muy joven para tener ese tipo de problemas, así que decidí ocuparme del problema actual: ella. ¿Era ella?
Ella era yo. Yo pero en otro lado, lejos. Yo distinta, pero igual.
Mariana habitaba en París, a diferencia mío que tengo que bancarme día tras día los piquetes de los obreros, los robos casi a diario, la contaminación de mis calles y la publicidad del PRO en todos los semáforos de la ciudad.
París era distinto.
Lunes 19 de Julio
Puede sonar una controversia pero, allá en París tan bello y ella tan infeliz. Y yo, acá, medianamente conforme con mi vida pero en una ciudad que deja mucho que desear. Aunque, si me pongo a pensarlo, vuelvo a repetir que ella soy yo. Entonces, soy yo pero infeliz. Yo pero en París.
Era ella, ella que era yo, y tan distinta.
De a momentos es amor, de a momentos odio. Y eso que no me gusta la palabra odio, no suelo usarla, pero la verdad es me confundo tanto que siento la necesidad de aplicarla. Podría tratarse de amor-odio. Ja, Ja, Ja, por ahí la quiero más de lo que quiero a Benjamín. Bueno, claramente que de una manera distinta, a ella la querría como una hermana, una hija, o como a mi misma. Pero la odio, porque me molesta día tras día y no me deja en paz.
Siento que me estoy volviendo ciclotímica. No puedo dejar de pensar en ella, ella que es yo, entonces no puedo dejar de pensar en mí.
Mi yo de París vive triste y le pegan. Lo sé, porque lo sueño, y también porque lo siento.
Si no sueño con ella, en algún momento del día me aparece su imagen (mi imagen) sufriendo allá despechada. Mi esposo ve cómo mi cara se transforma cada vez que su apariencia irrumpe mis pensamientos. No entiende nada, me mira, se lamenta y balbucea algo para sí mismo. Y a mí no me importa, sé que hay algo que tengo que resolver.
Siento su frío, su dolor, su llanto.
¿Por qué no me deja en paz?
Lunes 20 de Julio
¡Gran día para mandarle una postal!
Me han llegado dos del día del amigo. Una de Ariana y otra de Paula.
Nada de mí. Nada de ella.
Desgraciada! Si ella sabe lo que ahora yo sufro, ¿No debería mínimamente mandarme un mail de agradecimiento? Un gesto, algo, para que yo sepa que no es sólo producto de mi imaginación.
Desagradecida y sin embargo, no puedo odiarla.
Ella es yo y la quiero.
Decidí no enviarle nada de feliz día. Por lo menos éste año no se lo merecía.
Sin embargo, no descarto la idea de conocerla. Me entusiasma, exaspera y exalta la posibilidad de ver un ser que soy yo. Podría viajar y entonces también conocería París y por ahí podría estudiar Arte allá para formar una nueva vida y…
Definitivamente estoy loca. Esto de escribir me está afectando seriamente. ¿Cómo voy a ir a París si ella siquiera me ha dado un indicio de que existe?
Miércoles 22 de Julio
Sé que sufría. Sé que era infeliz. Lloraba por amor y porque ¡Ay! Me duele. Siento su dolor, siento su sufrimiento. Soy yo, y le pegan.
Ella sabe que estoy acá, sintiendo lo mismo que ella. Le gusta que alguien viva su sufrimiento, la libera. Pero ese alguien soy yo, y no puedo estar en paz porque sé de su existencia y su dolor. Por esto mi odio, pero también tantas ganas de estar allí con ella y ayudarla.
Decididamente tengo que viajar. O ella tiene que venir para acá. Eso me lo confirmará la próxima vez que la vea en el sueño.
Yo le conté a la mamá de mi amigo Ariel que ya no iba a ser la misma si realizaba ese viaje, pero ella supuso que era por la emoción del momento; “Un viaje te cambia la perspectiva de toda la vida” solía decirme. ¡Qué inferioridad, señor! Si entendiera que en realidad no me iba a cambiar la perspectiva, sino toda mi existencia!
Yo no sé qué es lo que cree la gente, pero estoy segura de que nadie comprende lo que yo siento.
Si digo que soy yo pero en París, ¿por qué no me creen?
Jueves 23 de Julio
Por las noches siento frio, pese a ser verano en mi ciudad. Sé que no es por mí, sino por ella, indefensa, durmiendo en el frío invierno de Europa sin frazadas ni colchas calientes. Siquiera tiene un colchón. Duerme en el suelo, en donde queda espacio. Y tiene frío, mis dientes tiemblan junto con el frío que siente mi cuerpo. 30 grados en Buenos Aires, y yo, preocupada, pensando que me subió la temperatura, me doy cuenta que no. Que mi frío se debe a ella, que está allá y tiemblo.
Grita mi nombre. Grita ayuda y está desesperada. Ya todo se vuelve insostenible, tormentoso. Debo verla lo antes posible, debo ayudarla. Ella es parte de mí.
Podré viajar en dos o tres semanas, solo debería informar a Benjamín que necesito un tiempo para pensar “sobre su propuesta” e irme nomás, al encuentro con ella, con la extraña tan cercana.
Pronto nos conoceremos.
-
Aterrizó el avión en el aeropuerto de París. Ella se bajó, ansiosa, esperando encontrar todas las respuestas a sus preguntas inconclusas.
Benjamín entusiasmado, viajaba con la mujer que amaba por Europa. Su vida estaba hecha.
Buscaron sus valijas y se dirigieron a la entrada del aeropuerto. Ella pidió ir al baño, pero en realidad su mente tenía otros planes: fue a la otra entrada del aeropuerto para encontrar a ella, a la que tanto la tormentaba.
Se asomó tras una ventana. Frotó sus ojos tres veces, y la vio.
Era igual a como la había soñado. Era igual a ella, porque efectivamente, era ella. Sus instintos no habían fallado. Había ido al lugar correcto.
Pasó dos largos minutos observandola de pies a cabeza. Se quedó inmovil. El aspecto de Mariana era humillante, su ropa rota y sus zapatitos estaban sucios. Se notaba que no estaba bien, que lloraba y toda esa angustia que la doble sentía se reflejaba en ella, que escribía para desahogar sus sentimientos.
Cuando cruzaron miradas, ella sintió que una de las dos lloraba.
Mariana la miró con ternura, con odio y emoción al mismo tiempo. Ella también había notado la presencia de otro ser como ella misma. Ella también sufría su dolor.
Se fueron acercando poco a poco para concretar aquel gran abrazo que tanto anhelaban. Un paso más y ya estarían juntas, para siempre.
Sin embargo, una mala energía recorrió el ambiente, y cada una siguió para un lado distinto. Cada una siguió su camino, dejando atrás cualquier sentimiento que hayan tenido en algún momento para con la otra.
El destino estaba hecho de una forma, se encontraron. Pero, no tuvieron el suficiente valor para entregarse el una a la otra. Se miraron por última vez, y, con total indiferencia, cada una siguió su vida.
La rutina me está matando. El trabajo está más aburrido que nunca y no puedo conseguir nada mejor. ¿Seré un fracaso? Mi padre siempre decía que las mujeres solo servían para criar niños. ¿Se estaba volviendo realidad esa frase que tanto le discutí?
¿Para qué pensar en niños?, si ni cerca de eso estoy. Creo que fue hace dos semanas que Benjamín me propuso buscar “la solución a todos nuestros problemas”. Está bien, lo acepto, tenemos problemas matrimoniales como todas las parejas que habitan la imperfecta tierra, pero… ¿Para tanto? ¿Sabe él lo que implica crear una familia? Creo que no sería la solución a nada, el problema fue habernos casado sin haber probado convivir juntos antes. ¿No fue una locura?
Y así y todo me propuso que tengamos un hijo juntos. ¡Egoista! ¿No se da cuenta de que ahora no puedo? Si el supiera lo que sueño día tras día entendería mis motivos. Pero, no puedo contárselos. Hay veces que realmente me pregunto qué hago casada con un hombre como él.
Otras veces me vienen a la mente imágenes de qué hubiera sido mi vida si me hubiese enamorado de un escritor. Literatura, viajes cultos, poesía. Ayyy… cuánto que me falta para ser felíz!
Así caigo rendida a la noche día tras día, me duermo plácida pero tensa luego de dos o tres horas de insomnio.
Y ahí comienza el verdadero problema. Ya no abarca a Benjamín ni a mis asuntos en casa. Paso a otro plano. Mi mundo se paraliza intentando explicar las locuras que crea mi mente en su inconsciente. Y lo más grave es que creo que no es fantasía, sino que es real. Cierro los ojos y entro en su mundo.
Miércoles 13 de Julio.
No puedo dejar de pensar en lo que ocurrió y por esto escribo.
Apareció. Apareció otra vez. Soñé nuevamente con ella; su imagen volvió a opacar (o iluminar, depende quién lo mire) mi noche. Ella corría, desesperada, en busca de un refugio. Sus pasos eran cortos y ágiles, pero su respiración ya no aguantaba más.
La fría noche de invierno ponía su piel de gallina. Entró en crisis al ver que alguien la alcanzaba.
Escapaba de él, que la perseguía con un látigo en la mano. Y no eran los años egipcios del faraón, era actual, allá en París. ¿Por qué le quería pegar? ¿Quién era él?
Sus lágrimas se derramaban con tanta angustia que me desperté llorando yo también.
Benjamín asustado preguntó que ocurría. No pude responderle, le dije que el tema del niño me tenía un poco asustada, me abrazó y calmó. Pero no logró ningún efecto. Mi esposo sabe que algo le oculto, pero no lo puedo compartir con él, no lo entendería.
Mi sueño había ocupado prácticamente el 90% de mis pensamientos. Yo estaba segura que había algo más: Ella era especial. Ella era real.
Viernes 15 de Julio
Si bien tuve un día agitado (fui de acá para allá, jugué al Tenis, trabajé y cociné) no fue motivo suficiente para que mi mente descanse. Acabo de soñar la continuación de la historia, como si nunca me hubiese despertado.
Cuando ella cayó rendida al suelo, él le pegó con su látigo en la espalda, y le rasguñó la cara. Luego desapareció, dejándola tendida en el piso.
Le gritó algunas palabras que la hirieron. Algo así como “fracasada” o “mujer inservible”. También le dolió su herida;
¡Ay, me duele! Siento cómo comienza a cicatrizarse mi herida. Su herida. Nuestra herida. Me duele y estoy con la cara manchada de sangre, buscando pedazos de algodón y cinta adhesiva para sanarla.
¿Quién era ella?
Viernes 16 de Julio
Creo que lo descubrí. Me apareció el indicio ésta mañana cuando entendí que dos cosas podían convivir en distintos lugares al mismo tiempo. ¿Viste cuando pensás algo mucho tiempo seguido y te la terminas creyendo? Como cuando me creí que era fea por aquel comentario del chico de Caballito ese día veraniego tan triste. Ese engreído que me dejó con el autoestima por el piso tres días seguidos, y fue causante de que engorde dos kilos por no parar de comer potes gigantes de helado.
Bueno, me pasa esto ahora. Se me metió en la cabeza la idea de que hay alguien igual a mí en otro lado del mundo. Al principio resultó divertido, más aventurero que otra cosa, pero lamentablemente me la terminé creyendo. Y digo lamentablemente porque me asusta, porque no solo me lo creo, sino que cada vez tengo más pruebas que lo demuestran.
Cuesta, ¿cierto? Pero no tengo más opción que confiar en mis instintos. Sino, definitivamente, estaría entrando en la locura y no lo iba a aceptar. Aún soy muy joven para tener ese tipo de problemas, así que decidí ocuparme del problema actual: ella. ¿Era ella?
Ella era yo. Yo pero en otro lado, lejos. Yo distinta, pero igual.
Mariana habitaba en París, a diferencia mío que tengo que bancarme día tras día los piquetes de los obreros, los robos casi a diario, la contaminación de mis calles y la publicidad del PRO en todos los semáforos de la ciudad.
París era distinto.
Lunes 19 de Julio
Puede sonar una controversia pero, allá en París tan bello y ella tan infeliz. Y yo, acá, medianamente conforme con mi vida pero en una ciudad que deja mucho que desear. Aunque, si me pongo a pensarlo, vuelvo a repetir que ella soy yo. Entonces, soy yo pero infeliz. Yo pero en París.
Era ella, ella que era yo, y tan distinta.
De a momentos es amor, de a momentos odio. Y eso que no me gusta la palabra odio, no suelo usarla, pero la verdad es me confundo tanto que siento la necesidad de aplicarla. Podría tratarse de amor-odio. Ja, Ja, Ja, por ahí la quiero más de lo que quiero a Benjamín. Bueno, claramente que de una manera distinta, a ella la querría como una hermana, una hija, o como a mi misma. Pero la odio, porque me molesta día tras día y no me deja en paz.
Siento que me estoy volviendo ciclotímica. No puedo dejar de pensar en ella, ella que es yo, entonces no puedo dejar de pensar en mí.
Mi yo de París vive triste y le pegan. Lo sé, porque lo sueño, y también porque lo siento.
Si no sueño con ella, en algún momento del día me aparece su imagen (mi imagen) sufriendo allá despechada. Mi esposo ve cómo mi cara se transforma cada vez que su apariencia irrumpe mis pensamientos. No entiende nada, me mira, se lamenta y balbucea algo para sí mismo. Y a mí no me importa, sé que hay algo que tengo que resolver.
Siento su frío, su dolor, su llanto.
¿Por qué no me deja en paz?
Lunes 20 de Julio
¡Gran día para mandarle una postal!
Me han llegado dos del día del amigo. Una de Ariana y otra de Paula.
Nada de mí. Nada de ella.
Desgraciada! Si ella sabe lo que ahora yo sufro, ¿No debería mínimamente mandarme un mail de agradecimiento? Un gesto, algo, para que yo sepa que no es sólo producto de mi imaginación.
Desagradecida y sin embargo, no puedo odiarla.
Ella es yo y la quiero.
Decidí no enviarle nada de feliz día. Por lo menos éste año no se lo merecía.
Sin embargo, no descarto la idea de conocerla. Me entusiasma, exaspera y exalta la posibilidad de ver un ser que soy yo. Podría viajar y entonces también conocería París y por ahí podría estudiar Arte allá para formar una nueva vida y…
Definitivamente estoy loca. Esto de escribir me está afectando seriamente. ¿Cómo voy a ir a París si ella siquiera me ha dado un indicio de que existe?
Miércoles 22 de Julio
Sé que sufría. Sé que era infeliz. Lloraba por amor y porque ¡Ay! Me duele. Siento su dolor, siento su sufrimiento. Soy yo, y le pegan.
Ella sabe que estoy acá, sintiendo lo mismo que ella. Le gusta que alguien viva su sufrimiento, la libera. Pero ese alguien soy yo, y no puedo estar en paz porque sé de su existencia y su dolor. Por esto mi odio, pero también tantas ganas de estar allí con ella y ayudarla.
Decididamente tengo que viajar. O ella tiene que venir para acá. Eso me lo confirmará la próxima vez que la vea en el sueño.
Yo le conté a la mamá de mi amigo Ariel que ya no iba a ser la misma si realizaba ese viaje, pero ella supuso que era por la emoción del momento; “Un viaje te cambia la perspectiva de toda la vida” solía decirme. ¡Qué inferioridad, señor! Si entendiera que en realidad no me iba a cambiar la perspectiva, sino toda mi existencia!
Yo no sé qué es lo que cree la gente, pero estoy segura de que nadie comprende lo que yo siento.
Si digo que soy yo pero en París, ¿por qué no me creen?
Jueves 23 de Julio
Por las noches siento frio, pese a ser verano en mi ciudad. Sé que no es por mí, sino por ella, indefensa, durmiendo en el frío invierno de Europa sin frazadas ni colchas calientes. Siquiera tiene un colchón. Duerme en el suelo, en donde queda espacio. Y tiene frío, mis dientes tiemblan junto con el frío que siente mi cuerpo. 30 grados en Buenos Aires, y yo, preocupada, pensando que me subió la temperatura, me doy cuenta que no. Que mi frío se debe a ella, que está allá y tiemblo.
Grita mi nombre. Grita ayuda y está desesperada. Ya todo se vuelve insostenible, tormentoso. Debo verla lo antes posible, debo ayudarla. Ella es parte de mí.
Podré viajar en dos o tres semanas, solo debería informar a Benjamín que necesito un tiempo para pensar “sobre su propuesta” e irme nomás, al encuentro con ella, con la extraña tan cercana.
Pronto nos conoceremos.
-
Aterrizó el avión en el aeropuerto de París. Ella se bajó, ansiosa, esperando encontrar todas las respuestas a sus preguntas inconclusas.
Benjamín entusiasmado, viajaba con la mujer que amaba por Europa. Su vida estaba hecha.
Buscaron sus valijas y se dirigieron a la entrada del aeropuerto. Ella pidió ir al baño, pero en realidad su mente tenía otros planes: fue a la otra entrada del aeropuerto para encontrar a ella, a la que tanto la tormentaba.
Se asomó tras una ventana. Frotó sus ojos tres veces, y la vio.
Era igual a como la había soñado. Era igual a ella, porque efectivamente, era ella. Sus instintos no habían fallado. Había ido al lugar correcto.
Pasó dos largos minutos observandola de pies a cabeza. Se quedó inmovil. El aspecto de Mariana era humillante, su ropa rota y sus zapatitos estaban sucios. Se notaba que no estaba bien, que lloraba y toda esa angustia que la doble sentía se reflejaba en ella, que escribía para desahogar sus sentimientos.
Cuando cruzaron miradas, ella sintió que una de las dos lloraba.
Mariana la miró con ternura, con odio y emoción al mismo tiempo. Ella también había notado la presencia de otro ser como ella misma. Ella también sufría su dolor.
Se fueron acercando poco a poco para concretar aquel gran abrazo que tanto anhelaban. Un paso más y ya estarían juntas, para siempre.
Sin embargo, una mala energía recorrió el ambiente, y cada una siguió para un lado distinto. Cada una siguió su camino, dejando atrás cualquier sentimiento que hayan tenido en algún momento para con la otra.
El destino estaba hecho de una forma, se encontraron. Pero, no tuvieron el suficiente valor para entregarse el una a la otra. Se miraron por última vez, y, con total indiferencia, cada una siguió su vida.
martes, 2 de agosto de 2011
Proyecto Narrativo
Martes 12 de Julio
La rutina me está matando. El trabajo está más aburrido que nunca y no puedo conseguir nada mejor. ¿Seré un fracaso? Mi padre siempre decía que las mujeres solo servían para criar niños. ¿Se estaba volviendo realidad esa frase que tanto le discutí?
¿Para qué pensar en niños?, si ni cerca de eso estoy. Creo que fue hace dos semanas que Benjamín me propuso buscar “la solución a todos nuestros problemas”. Está bien, lo acepto, tenemos problemas matrimoniales como todas las parejas que habitan la imperfecta tierra, pero… ¿Para tanto? ¿Sabe él lo que implica crear una familia? Creo que no sería la solución a nada, el problema fue habernos casado sin haber probado convivir juntos antes. ¿No fue una locura?
Y así y todo me propuso que tengamos un hijo juntos. ¡Egoista! ¿No se da cuenta de que ahora no puedo? Si el supiera lo que sueño día tras día entendería mis motivos. Pero, no puedo contárselos. Hay veces que realmente me pregunto qué hago casada con un hombre como él.
Otras veces me vienen a la mente imágenes de qué hubiera sido mi vida si me hubiese enamorado de un escritor. Literatura, viajes cultos, poesía. Ayyy… cuánto que me falta para ser felíz!
Así caigo rendida a la noche día tras día, me duermo plácida pero tensa luego de dos o tres horas de insomnio.
Y ahí comienza el verdadero problema. Ya no abarca a Benjamín ni a mis asuntos en casa. Paso a otro plano. Mi mundo se paraliza intentando explicar las locuras que crea mi mente en su inconsciente. Y lo más grave es que creo que no es fantasía, sino que es real. Cierro los ojos y entro en su mundo.
Miércoles 13 de Julio.
No puedo dejar de pensar en lo que ocurrió y por esto escribo.
Apareció. Apareció otra vez. Soñé nuevamente con ella; su imagen volvió a opacar (o iluminar, depende quién lo mire) mi noche. Ella corría, desesperada, en busca de un refugio. Sus pasos eran cortos y ágiles, pero su respiración ya no aguantaba más.
La fría noche de invierno ponía su piel de gallina. Entró en crisis al ver que alguien la alcanzaba.
Escapaba de él, que la perseguía con un látigo en la mano. Y no eran los años egipcios del faraón, era actual, allá en París. ¿Por qué le quería pegar? ¿Quién era él?
Sus lágrimas se derramaban con tanta angustia que me desperté llorando yo también.
Benjamín asustado preguntó que ocurría. No pude responderle, le dije que el tema del niño me tenía un poco asustada, me abrazó y calmó. Pero no logró ningún efecto. Mi esposo sabe que algo le oculto, pero no lo puedo compartir con él, no lo entendería.
Mi sueño había ocupado prácticamente el 90% de mis pensamientos. Yo estaba segura que había algo más: Ella era especial. Ella era real.
Viernes 15 de Julio
Si bien tuve un día agitado (fui de acá para allá, jugué al Tenis, trabajé y cociné) no fue motivo suficiente para que mi mente descanse. Acabo de soñar la continuación de la historia, como si nunca me hubiese despertado.
Cuando ella cayó rendida al suelo, él le pegó con su látigo en la espalda, y le rasguñó la cara. Luego desapareció, dejándola tendida en el piso.
Le gritó algunas palabras que la hirieron. Algo así como “fracasada” o “mujer inservible”. También le dolió su herida;
¡Ay, me duele! Siento cómo comienza a cicatrizarse mi herida. Su herida. Nuestra herida. Me duele y estoy con la cara manchada de sangre, buscando pedazos de algodón y cinta adhesiva para sanarla.
¿Quién era ella?
Viernes 16 de Julio
Creo que lo descubrí. Me apareció el indicio ésta mañana cuando entendí que dos cosas podían convivir en distintos lugares al mismo tiempo. ¿Viste cuando pensás algo mucho tiempo seguido y te la terminas creyendo? Como cuando me creí que era fea por aquel comentario del chico de Caballito ese día veraniego tan triste. Ese engreído que me dejó con el autoestima por el piso tres días seguidos, y fue causante de que engorde dos kilos por no parar de comer potes gigantes de helado.
Bueno, me pasa esto ahora. Se me metió en la cabeza la idea de que hay alguien igual a mí en otro lado del mundo. Al principio resultó divertido, más aventurero que otra cosa, pero lamentablemente me la terminé creyendo. Y digo lamentablemente porque me asusta, porque no solo me lo creo, sino que cada vez tengo más pruebas que lo demuestran.
Cuesta, ¿cierto? Pero no tengo más opción que confiar en mis instintos. Sino, definitivamente, estaría entrando en la locura y no lo iba a aceptar. Aún soy muy joven para tener ese tipo de problemas, así que decidí ocuparme del problema actual: ella. ¿Era ella?
Ella era yo. Yo pero en otro lado, lejos. Yo distinta, pero igual.
Habitaba en París, a diferencia mío que tengo que bancarme día tras día los piquetes de los obreros, los robos casi a diario, la contaminación de mis calles y la publicidad del PRO en todos los semáforos de la ciudad.
París era distinto.
Lunes 19 de Julio
Puede sonar una controversia pero, allá en París tan bello y ella tan infeliz. Y yo, acá, medianamente conforme con mi vida pero en una ciudad que deja mucho que desear. Aunque, si me pongo a pensarlo, vuelvo a repetir que ella soy yo. Entonces, soy yo pero infeliz. Yo pero en París.
Era ella, ella que era yo, y tan distinta.
De a momentos es amor, de a momentos odio. Y eso que no me gusta la palabra odio, no suelo usarla, pero la verdad es me confundo tanto que siento la necesidad de aplicarla. Podría tratarse de amor-odio. Ja, Ja, Ja, por ahí la quiero más de lo que quiero a Benjamín. Bueno, claramente que de una manera distinta, a ella la querría como una hermana, una hija, o como a mi misma. Pero la odio, porque me molesta día tras día y no me deja en paz.
Siento que me estoy volviendo ciclotímica. No puedo dejar de pensar en ella, ella que es yo, entonces no puedo dejar de pensar en mí.
Mi yo de París vive triste y le pegan. Lo sé, porque lo sueño, y también porque lo siento.
Si no sueño con ella, en algún momento del día me aparece su imagen (mi imagen) sufriendo allá despechada. Mi esposo ve cómo mi cara se transforma cada vez que su apariencia irrumpe mis pensamientos. No entiende nada, me mira, se lamenta y balbucea algo para sí mismo. Y a mí no me importa, sé que hay algo que tengo que resolver.
Siento su frío, su dolor, su llanto.
¿Por qué no me deja en paz?
Lunes 20 de Julio
¡Gran día para mandarle una postal!
Me han llegado dos del día del amigo. Una de Ariana y otra de Paula.
Nada de mí. Nada de ella.
Desgraciada! Si ella sabe lo que ahora yo sufro, ¿No debería mínimamente mandarme un mail de agradecimiento? Un gesto, algo, para que yo sepa que no es sólo producto de mi imaginación.
Desagradecida y sin embargo, no puedo odiarla.
Ella es yo y la quiero.
Decidí no enviarle nada de feliz día. Por lo menos éste año no se lo merecía.
Sin embargo, no descarto la idea de conocerla. Me entusiasma, exaspera y exalta la posibilidad de ver un ser que soy yo. Podría viajar y entonces también conocería París y por ahí podría estudiar Arte allá para formar una nueva vida y…
Definitivamente estoy loca. Esto de escribir me está afectando seriamente. ¿Cómo voy a ir a París si ella siquiera me ha dado un indicio de que existe?
Miércoles 22 de Julio
Sé que sufría. Sé que era infeliz. Lloraba por amor y porque ¡Ay! Me duele. Siento su dolor, siento su sufrimiento. Soy yo, y le pegan.
Ella sabe que estoy acá, sintiendo lo mismo que ella. Le gusta que alguien viva su sufrimiento, la libera. Pero ese alguien soy yo, y no puedo estar en paz porque sé de su existencia y su dolor. Por esto mi odio, pero también tantas ganas de estar allí con ella (que soy yo) y ayudarla.
Decididamente tengo que viajar. O ella tiene que venir para acá. Eso me lo confirmará la próxima vez que la vea en el sueño.
Yo le conté a la mamá de mi amigo Ariel que ya no iba a ser la misma si realizaba ese viaje, pero ella supuso que era por la emoción del momento; “Un viaje te cambia la perspectiva de toda la vida” solía decirme. ¡Qué inferioridad, señor! Si entendiera que en realidad no me iba a cambiar la perspectiva, sino toda mi existencia!
Yo no sé qué es lo que cree la gente, pero estoy segura de que nadie comprende lo que yo siento.
Si digo que soy yo pero en París, ¿por qué no me creen?
Jueves 23 de Julio
Por las noches siento frio, pese a ser verano en mi ciudad. Sé que no es por mí, sino por ella, indefensa, durmiendo en el frío invierno de Europa sin frazadas ni colchas calientes. Siquiera tiene un colchón. Duerme en el suelo, en donde queda espacio. Y tiene frío, mis dientes tiemblan junto con el frío que siente mi cuerpo. 30 grados en Buenos Aires, y yo, preocupada, pensando que me subió la temperatura, me doy cuenta que no. Que mi frío se debe a ella, que está allá y tiemblo.
Grita mi nombre. Grita ayuda y está desesperada. Ya todo se vuelve insostenible, tormentoso. Debo verla lo antes posible, debo ayudarla. Ella es parte de mí.
Podré viajar en dos o tres semanas, solo debería informar a Benjamín que necesito un tiempo para pensar “sobre su propuesta” e irme nomás, al encuentro con ella, con la extraña tan cercana.
Pronto nos conoceremos.
-
Está mejor ahora??
Acá me quede. no sé cómo seguirlo, si hacer que se encuentren o si no...
La rutina me está matando. El trabajo está más aburrido que nunca y no puedo conseguir nada mejor. ¿Seré un fracaso? Mi padre siempre decía que las mujeres solo servían para criar niños. ¿Se estaba volviendo realidad esa frase que tanto le discutí?
¿Para qué pensar en niños?, si ni cerca de eso estoy. Creo que fue hace dos semanas que Benjamín me propuso buscar “la solución a todos nuestros problemas”. Está bien, lo acepto, tenemos problemas matrimoniales como todas las parejas que habitan la imperfecta tierra, pero… ¿Para tanto? ¿Sabe él lo que implica crear una familia? Creo que no sería la solución a nada, el problema fue habernos casado sin haber probado convivir juntos antes. ¿No fue una locura?
Y así y todo me propuso que tengamos un hijo juntos. ¡Egoista! ¿No se da cuenta de que ahora no puedo? Si el supiera lo que sueño día tras día entendería mis motivos. Pero, no puedo contárselos. Hay veces que realmente me pregunto qué hago casada con un hombre como él.
Otras veces me vienen a la mente imágenes de qué hubiera sido mi vida si me hubiese enamorado de un escritor. Literatura, viajes cultos, poesía. Ayyy… cuánto que me falta para ser felíz!
Así caigo rendida a la noche día tras día, me duermo plácida pero tensa luego de dos o tres horas de insomnio.
Y ahí comienza el verdadero problema. Ya no abarca a Benjamín ni a mis asuntos en casa. Paso a otro plano. Mi mundo se paraliza intentando explicar las locuras que crea mi mente en su inconsciente. Y lo más grave es que creo que no es fantasía, sino que es real. Cierro los ojos y entro en su mundo.
Miércoles 13 de Julio.
No puedo dejar de pensar en lo que ocurrió y por esto escribo.
Apareció. Apareció otra vez. Soñé nuevamente con ella; su imagen volvió a opacar (o iluminar, depende quién lo mire) mi noche. Ella corría, desesperada, en busca de un refugio. Sus pasos eran cortos y ágiles, pero su respiración ya no aguantaba más.
La fría noche de invierno ponía su piel de gallina. Entró en crisis al ver que alguien la alcanzaba.
Escapaba de él, que la perseguía con un látigo en la mano. Y no eran los años egipcios del faraón, era actual, allá en París. ¿Por qué le quería pegar? ¿Quién era él?
Sus lágrimas se derramaban con tanta angustia que me desperté llorando yo también.
Benjamín asustado preguntó que ocurría. No pude responderle, le dije que el tema del niño me tenía un poco asustada, me abrazó y calmó. Pero no logró ningún efecto. Mi esposo sabe que algo le oculto, pero no lo puedo compartir con él, no lo entendería.
Mi sueño había ocupado prácticamente el 90% de mis pensamientos. Yo estaba segura que había algo más: Ella era especial. Ella era real.
Viernes 15 de Julio
Si bien tuve un día agitado (fui de acá para allá, jugué al Tenis, trabajé y cociné) no fue motivo suficiente para que mi mente descanse. Acabo de soñar la continuación de la historia, como si nunca me hubiese despertado.
Cuando ella cayó rendida al suelo, él le pegó con su látigo en la espalda, y le rasguñó la cara. Luego desapareció, dejándola tendida en el piso.
Le gritó algunas palabras que la hirieron. Algo así como “fracasada” o “mujer inservible”. También le dolió su herida;
¡Ay, me duele! Siento cómo comienza a cicatrizarse mi herida. Su herida. Nuestra herida. Me duele y estoy con la cara manchada de sangre, buscando pedazos de algodón y cinta adhesiva para sanarla.
¿Quién era ella?
Viernes 16 de Julio
Creo que lo descubrí. Me apareció el indicio ésta mañana cuando entendí que dos cosas podían convivir en distintos lugares al mismo tiempo. ¿Viste cuando pensás algo mucho tiempo seguido y te la terminas creyendo? Como cuando me creí que era fea por aquel comentario del chico de Caballito ese día veraniego tan triste. Ese engreído que me dejó con el autoestima por el piso tres días seguidos, y fue causante de que engorde dos kilos por no parar de comer potes gigantes de helado.
Bueno, me pasa esto ahora. Se me metió en la cabeza la idea de que hay alguien igual a mí en otro lado del mundo. Al principio resultó divertido, más aventurero que otra cosa, pero lamentablemente me la terminé creyendo. Y digo lamentablemente porque me asusta, porque no solo me lo creo, sino que cada vez tengo más pruebas que lo demuestran.
Cuesta, ¿cierto? Pero no tengo más opción que confiar en mis instintos. Sino, definitivamente, estaría entrando en la locura y no lo iba a aceptar. Aún soy muy joven para tener ese tipo de problemas, así que decidí ocuparme del problema actual: ella. ¿Era ella?
Ella era yo. Yo pero en otro lado, lejos. Yo distinta, pero igual.
Habitaba en París, a diferencia mío que tengo que bancarme día tras día los piquetes de los obreros, los robos casi a diario, la contaminación de mis calles y la publicidad del PRO en todos los semáforos de la ciudad.
París era distinto.
Lunes 19 de Julio
Puede sonar una controversia pero, allá en París tan bello y ella tan infeliz. Y yo, acá, medianamente conforme con mi vida pero en una ciudad que deja mucho que desear. Aunque, si me pongo a pensarlo, vuelvo a repetir que ella soy yo. Entonces, soy yo pero infeliz. Yo pero en París.
Era ella, ella que era yo, y tan distinta.
De a momentos es amor, de a momentos odio. Y eso que no me gusta la palabra odio, no suelo usarla, pero la verdad es me confundo tanto que siento la necesidad de aplicarla. Podría tratarse de amor-odio. Ja, Ja, Ja, por ahí la quiero más de lo que quiero a Benjamín. Bueno, claramente que de una manera distinta, a ella la querría como una hermana, una hija, o como a mi misma. Pero la odio, porque me molesta día tras día y no me deja en paz.
Siento que me estoy volviendo ciclotímica. No puedo dejar de pensar en ella, ella que es yo, entonces no puedo dejar de pensar en mí.
Mi yo de París vive triste y le pegan. Lo sé, porque lo sueño, y también porque lo siento.
Si no sueño con ella, en algún momento del día me aparece su imagen (mi imagen) sufriendo allá despechada. Mi esposo ve cómo mi cara se transforma cada vez que su apariencia irrumpe mis pensamientos. No entiende nada, me mira, se lamenta y balbucea algo para sí mismo. Y a mí no me importa, sé que hay algo que tengo que resolver.
Siento su frío, su dolor, su llanto.
¿Por qué no me deja en paz?
Lunes 20 de Julio
¡Gran día para mandarle una postal!
Me han llegado dos del día del amigo. Una de Ariana y otra de Paula.
Nada de mí. Nada de ella.
Desgraciada! Si ella sabe lo que ahora yo sufro, ¿No debería mínimamente mandarme un mail de agradecimiento? Un gesto, algo, para que yo sepa que no es sólo producto de mi imaginación.
Desagradecida y sin embargo, no puedo odiarla.
Ella es yo y la quiero.
Decidí no enviarle nada de feliz día. Por lo menos éste año no se lo merecía.
Sin embargo, no descarto la idea de conocerla. Me entusiasma, exaspera y exalta la posibilidad de ver un ser que soy yo. Podría viajar y entonces también conocería París y por ahí podría estudiar Arte allá para formar una nueva vida y…
Definitivamente estoy loca. Esto de escribir me está afectando seriamente. ¿Cómo voy a ir a París si ella siquiera me ha dado un indicio de que existe?
Miércoles 22 de Julio
Sé que sufría. Sé que era infeliz. Lloraba por amor y porque ¡Ay! Me duele. Siento su dolor, siento su sufrimiento. Soy yo, y le pegan.
Ella sabe que estoy acá, sintiendo lo mismo que ella. Le gusta que alguien viva su sufrimiento, la libera. Pero ese alguien soy yo, y no puedo estar en paz porque sé de su existencia y su dolor. Por esto mi odio, pero también tantas ganas de estar allí con ella (que soy yo) y ayudarla.
Decididamente tengo que viajar. O ella tiene que venir para acá. Eso me lo confirmará la próxima vez que la vea en el sueño.
Yo le conté a la mamá de mi amigo Ariel que ya no iba a ser la misma si realizaba ese viaje, pero ella supuso que era por la emoción del momento; “Un viaje te cambia la perspectiva de toda la vida” solía decirme. ¡Qué inferioridad, señor! Si entendiera que en realidad no me iba a cambiar la perspectiva, sino toda mi existencia!
Yo no sé qué es lo que cree la gente, pero estoy segura de que nadie comprende lo que yo siento.
Si digo que soy yo pero en París, ¿por qué no me creen?
Jueves 23 de Julio
Por las noches siento frio, pese a ser verano en mi ciudad. Sé que no es por mí, sino por ella, indefensa, durmiendo en el frío invierno de Europa sin frazadas ni colchas calientes. Siquiera tiene un colchón. Duerme en el suelo, en donde queda espacio. Y tiene frío, mis dientes tiemblan junto con el frío que siente mi cuerpo. 30 grados en Buenos Aires, y yo, preocupada, pensando que me subió la temperatura, me doy cuenta que no. Que mi frío se debe a ella, que está allá y tiemblo.
Grita mi nombre. Grita ayuda y está desesperada. Ya todo se vuelve insostenible, tormentoso. Debo verla lo antes posible, debo ayudarla. Ella es parte de mí.
Podré viajar en dos o tres semanas, solo debería informar a Benjamín que necesito un tiempo para pensar “sobre su propuesta” e irme nomás, al encuentro con ella, con la extraña tan cercana.
Pronto nos conoceremos.
-
Está mejor ahora??
Acá me quede. no sé cómo seguirlo, si hacer que se encuentren o si no...
jueves, 28 de julio de 2011
Narrativo
va mejor en formato carta???
Martes 12 de Julio
Hoy apareció otra vez. Su imagen congeló mi mundo, y no puedo dejar de pensar en lo que ocurrió. Por esto escribo.
Me fui a dormir con tres libros en mano para poder leer porque obviamente me iba a costar conciliar el sueño después de haber cenado tanto asado que Mariano con tanto amor me había preparado. Leí un cuento del libro de Bestiario y me dormí pensando en qué hubiera sido de mi vida si me hubiese enamorado de un escritor. Buen tema para la próxima discusión de otra noche de insomnio.
Apareció. Soñé nuevamente con ella; otra vez su imagen opacó (o iluminó, depende quién lo mire) mi noche. Ella corría, desesperada, en busca de un refugio. Sus pasos eran cortos y ágiles, pero su respiración ya no aguantaba más.
Escapaba de él, que la perseguía con un látigo en la mano. Y no eran los años egipcios del faraón, era actual, allá en París. ¿Por qué le quería pegar? ¿Quién era él?
Sus lágrimas se derramaban con tanta angustia que me desperté llorando yo también.
Me quedé helada al ver cómo un sueño podía afectar mi ánimo. Pero estaba segura que era había algo más: Ella era especial. Ella era real.
Jueves 14 de Julio
Acabo de soñar la continuación de la historia. Cuando ella cayó rendida al suelo, él le pegó con su látigo en la espalda, y le rasguñó la cara. Luego desapareció, dejándola tendida en el suelo.
¡Ay, me duele! Escribo y siento cómo comienza a cicatrizarse mi herida. Su herida. Nuestra herida. Me duele y estoy con la cara manchada de sangre, buscando pedazos de algodón y cinta adhesiva para sanarla.
¿Quién era ella?
Viernes 16 de Julio
Descubierto. Ella era yo. Yo pero en otro lado, lejos. Yo distinta, pero igual.
Habitaba en París, y yo acá en capital de Argentina.
Claro estaba que era por este asunto que mi cabeza hacia Días no dejaba de dar vueltas. Sentía su presencia a cada momento del día, a cada hora, minuto y segundo. Era ella, ella que era yo, y tan distinta.
Domingo 18 de Julio
Sé que sufría. Sé que era infeliz. Lloraba por amor y porque ¡Ay! Me duele. Siento su dolor, siento su sufrimiento. Soy yo, y le pegan.
Ella sabe que estoy acá, sintiendo lo mismo que ella. Le gusta que alguien viva su sufrimiento, la libera. Pero ese alguien soy yo, y no puedo estar en paz porque sé de su existencia y su dolor. Por esto mi odio, pero también tantas ganas de estar allí con ella (que soy yo) y ayudarla.
Lunes 19 de Julio
De a momentos es amor, de a momentos odio. Siento que me he convertido en una ciclotímica. No puedo dejar de pensar en ella, no puedo dejar de pensar en mí.
Mi yo de París vive mal y triste.
Debo encontrarme con ella para que se lleve a cabo la fusión, porque en el momento de nuestro encuentro todo iba a cambiar para siempre. Mi vida ya no va a ser la misma puesto que estamos destinadas a fusionarnos. Ella pasaría a ser yo, y yo, lamentablemente, ella.
Yo le conté a la mamá de Ariel que ya no iba a ser la misma, pero ella supuso que era porque me iba a mudar de casa.
Yo no sé qué es lo que cree la gente, pero estoy segura de que nadie comprende lo que yo siento.
Si digo que soy yo pero en París, ¿por qué no me creen?
Mejor lo callo. Viajo y averiguo.
Martes 20 de Julio
¡Gran día para mandarle una postal!
Me han llegado dos del día del amigo. Una de Ariana y otra de Paula.
Nada de mí. Nada de ella.
Desgraciada! Si ella sabe que yo sufro por sus problemas, ¿No debería mínimamente mandarme un mail de agradecimiento? Un gesto, algo, para que yo sepa que no es sólo producto de mi imaginación.
Desagradecida y sin embargo, no puedo odiarla.
Ella es yo y la quiero.
Decidí no enviarle nada de feliz día. Por lo menos éste año no se lo merecía.
Martes 12 de Julio
Hoy apareció otra vez. Su imagen congeló mi mundo, y no puedo dejar de pensar en lo que ocurrió. Por esto escribo.
Me fui a dormir con tres libros en mano para poder leer porque obviamente me iba a costar conciliar el sueño después de haber cenado tanto asado que Mariano con tanto amor me había preparado. Leí un cuento del libro de Bestiario y me dormí pensando en qué hubiera sido de mi vida si me hubiese enamorado de un escritor. Buen tema para la próxima discusión de otra noche de insomnio.
Apareció. Soñé nuevamente con ella; otra vez su imagen opacó (o iluminó, depende quién lo mire) mi noche. Ella corría, desesperada, en busca de un refugio. Sus pasos eran cortos y ágiles, pero su respiración ya no aguantaba más.
Escapaba de él, que la perseguía con un látigo en la mano. Y no eran los años egipcios del faraón, era actual, allá en París. ¿Por qué le quería pegar? ¿Quién era él?
Sus lágrimas se derramaban con tanta angustia que me desperté llorando yo también.
Me quedé helada al ver cómo un sueño podía afectar mi ánimo. Pero estaba segura que era había algo más: Ella era especial. Ella era real.
Jueves 14 de Julio
Acabo de soñar la continuación de la historia. Cuando ella cayó rendida al suelo, él le pegó con su látigo en la espalda, y le rasguñó la cara. Luego desapareció, dejándola tendida en el suelo.
¡Ay, me duele! Escribo y siento cómo comienza a cicatrizarse mi herida. Su herida. Nuestra herida. Me duele y estoy con la cara manchada de sangre, buscando pedazos de algodón y cinta adhesiva para sanarla.
¿Quién era ella?
Viernes 16 de Julio
Descubierto. Ella era yo. Yo pero en otro lado, lejos. Yo distinta, pero igual.
Habitaba en París, y yo acá en capital de Argentina.
Claro estaba que era por este asunto que mi cabeza hacia Días no dejaba de dar vueltas. Sentía su presencia a cada momento del día, a cada hora, minuto y segundo. Era ella, ella que era yo, y tan distinta.
Domingo 18 de Julio
Sé que sufría. Sé que era infeliz. Lloraba por amor y porque ¡Ay! Me duele. Siento su dolor, siento su sufrimiento. Soy yo, y le pegan.
Ella sabe que estoy acá, sintiendo lo mismo que ella. Le gusta que alguien viva su sufrimiento, la libera. Pero ese alguien soy yo, y no puedo estar en paz porque sé de su existencia y su dolor. Por esto mi odio, pero también tantas ganas de estar allí con ella (que soy yo) y ayudarla.
Lunes 19 de Julio
De a momentos es amor, de a momentos odio. Siento que me he convertido en una ciclotímica. No puedo dejar de pensar en ella, no puedo dejar de pensar en mí.
Mi yo de París vive mal y triste.
Debo encontrarme con ella para que se lleve a cabo la fusión, porque en el momento de nuestro encuentro todo iba a cambiar para siempre. Mi vida ya no va a ser la misma puesto que estamos destinadas a fusionarnos. Ella pasaría a ser yo, y yo, lamentablemente, ella.
Yo le conté a la mamá de Ariel que ya no iba a ser la misma, pero ella supuso que era porque me iba a mudar de casa.
Yo no sé qué es lo que cree la gente, pero estoy segura de que nadie comprende lo que yo siento.
Si digo que soy yo pero en París, ¿por qué no me creen?
Mejor lo callo. Viajo y averiguo.
Martes 20 de Julio
¡Gran día para mandarle una postal!
Me han llegado dos del día del amigo. Una de Ariana y otra de Paula.
Nada de mí. Nada de ella.
Desgraciada! Si ella sabe que yo sufro por sus problemas, ¿No debería mínimamente mandarme un mail de agradecimiento? Un gesto, algo, para que yo sepa que no es sólo producto de mi imaginación.
Desagradecida y sin embargo, no puedo odiarla.
Ella es yo y la quiero.
Decidí no enviarle nada de feliz día. Por lo menos éste año no se lo merecía.
jueves, 21 de julio de 2011
Proyecto Narrativo !
Algo hay... A ver si vengo bien encaminada.
Era yo. Yo pero en otro lado, lejos. Yo distinta, pero igual.
Claro estaba que era por este asunto que mi cabeza hacia meses no dejaba de dar vueltas. Sentía su presencia a cada momento del día, a cada hora, minuto y segundo. Era ella, ella que era yo, y tan distinta.
Mi coeficiente intentaba buscar explicaciones racionales para ese sentimiento tan inusual y angustiante. Al parecer, no había deducciones coherentes. Todo parecía una locura.
Su presencia me hacía temblar de pánico. Sabía que en el momento de nuestro encuentro todo cambiaría para siempre, mi vida ya no iba a ser la misma que hasta entonces, puesto que estabamos destinadas a fusionarnos. Ella pasaría a ser yo, y yo, lamentablemente, ella.
En tanto seguía siendo yo, podría intentar evitar cualquier tipo de cambio, y eso solo lo podría lograr imáginando para investigarla.
Por las noches, al cerrar los ojos, datos magníficos llegaban a mi poder: Su nombre podría ser Mariana, Maia o Martina. Lo seguro era que vivía en París, a pocas cuadras del Museo del Louvre. A mi siempre me había gustado la ciudad, siempre quize viajar allí. Sabía que algo había, pero nunca imaginé que fuera mi doble, mi otra mitad, mi hermana perdida.
Pude visualizar su condición económica: Era escasa, ella sufría más que cualquier ser humano que yo haya conocido jamás. Desde pequeña le faltó para comer, siempre mendigando por las calles de la ciudad más pintoresca de toda Europa. Ella era pobre, comía dia de por medio, y se esforzaba demasiado para conseguir sobras de los demás.
Vivía en una pequeña choza construída por su pareja, Anibal o Dante. Lo había conocido debajo de la Torre Eiffel, hacía ya tres años. Él era especial: su enfermedad no diagnosticada (aunque yo ya lo sabía), psicosis, había causado cambios bruscos y profundos en su conducta. De a momentos la amaba, de a momentos la golpeaba al no reconocerla.
Frente a esto, ella, con el corazón roto, no hacía más que suplicarle que se tratara o que se calme. Él, al no reconocerse como enfermo, la obligaba a no emitir sonido y le pegaba. Sé que sufría.
Tiempo después, recuerdo haber estado caminando por las calles de Buenos Aires cuando de repente, una imagen nueva recorrió mi mente: Su nombre definitivamente era Mariana. Gran descubrimiento, al tratarse de una persona que yo no conocía personalmente. Fue un avance hacia mi investigación, aunque todavía quedaba mucho más. También logré descifrar el nombre de él, Dante, sin dudas ahora.
Mariana y Dante, una pareja hundida en la pobreza pero que su amor estaba intacto, excepto cuando a él le surgían brotes psicóticos y ella no podía hacer nada. Recibía golpes y los moretones quedaban en su cuerpo por tres o cuatro semanas. Y yo no podía salvarla.
Aquí me encuentro hoy. Ya expresé mi investigación hasta donde pude, pero, ¡Ay! Me duele. Siento su dolor, siento su sufrimiento. Soy yo, y le pegan. Ella sabe que estoy acá, sintiendo lo mismo que ella. Le gusta que alguien viva su sufrimiento, la libera. Pero ese alguien soy yo, y no puedo estar en paz porque sé de su existencia y su dolor.
Estoy unida de por vida a ella, y nuestro encuentro será pronto.
Por las noches siento frio, pese a ser verano en mi ciudad. Se que no es por mí, sino por ella, indefensa, durmiendo en el frío invierno de Europa sin frazadas ni colchas calientes. Siquiera tiene un colchón. Duerme en su choza, en el suelo, en donde queda espacio. Y tiene frío, mis dientes tiemblan junto con el frío que siente mi cuerpo. 30 grados en Buenos Aires, y yo, preocupada, pensando que me subió la temperatura, me doy cuenta que no. Que mi frío se debe a ella, que está allá y tiemblo.
Era yo. Yo pero en otro lado, lejos. Yo distinta, pero igual.
Claro estaba que era por este asunto que mi cabeza hacia meses no dejaba de dar vueltas. Sentía su presencia a cada momento del día, a cada hora, minuto y segundo. Era ella, ella que era yo, y tan distinta.
Mi coeficiente intentaba buscar explicaciones racionales para ese sentimiento tan inusual y angustiante. Al parecer, no había deducciones coherentes. Todo parecía una locura.
Su presencia me hacía temblar de pánico. Sabía que en el momento de nuestro encuentro todo cambiaría para siempre, mi vida ya no iba a ser la misma que hasta entonces, puesto que estabamos destinadas a fusionarnos. Ella pasaría a ser yo, y yo, lamentablemente, ella.
En tanto seguía siendo yo, podría intentar evitar cualquier tipo de cambio, y eso solo lo podría lograr imáginando para investigarla.
Por las noches, al cerrar los ojos, datos magníficos llegaban a mi poder: Su nombre podría ser Mariana, Maia o Martina. Lo seguro era que vivía en París, a pocas cuadras del Museo del Louvre. A mi siempre me había gustado la ciudad, siempre quize viajar allí. Sabía que algo había, pero nunca imaginé que fuera mi doble, mi otra mitad, mi hermana perdida.
Pude visualizar su condición económica: Era escasa, ella sufría más que cualquier ser humano que yo haya conocido jamás. Desde pequeña le faltó para comer, siempre mendigando por las calles de la ciudad más pintoresca de toda Europa. Ella era pobre, comía dia de por medio, y se esforzaba demasiado para conseguir sobras de los demás.
Vivía en una pequeña choza construída por su pareja, Anibal o Dante. Lo había conocido debajo de la Torre Eiffel, hacía ya tres años. Él era especial: su enfermedad no diagnosticada (aunque yo ya lo sabía), psicosis, había causado cambios bruscos y profundos en su conducta. De a momentos la amaba, de a momentos la golpeaba al no reconocerla.
Frente a esto, ella, con el corazón roto, no hacía más que suplicarle que se tratara o que se calme. Él, al no reconocerse como enfermo, la obligaba a no emitir sonido y le pegaba. Sé que sufría.
Tiempo después, recuerdo haber estado caminando por las calles de Buenos Aires cuando de repente, una imagen nueva recorrió mi mente: Su nombre definitivamente era Mariana. Gran descubrimiento, al tratarse de una persona que yo no conocía personalmente. Fue un avance hacia mi investigación, aunque todavía quedaba mucho más. También logré descifrar el nombre de él, Dante, sin dudas ahora.
Mariana y Dante, una pareja hundida en la pobreza pero que su amor estaba intacto, excepto cuando a él le surgían brotes psicóticos y ella no podía hacer nada. Recibía golpes y los moretones quedaban en su cuerpo por tres o cuatro semanas. Y yo no podía salvarla.
Aquí me encuentro hoy. Ya expresé mi investigación hasta donde pude, pero, ¡Ay! Me duele. Siento su dolor, siento su sufrimiento. Soy yo, y le pegan. Ella sabe que estoy acá, sintiendo lo mismo que ella. Le gusta que alguien viva su sufrimiento, la libera. Pero ese alguien soy yo, y no puedo estar en paz porque sé de su existencia y su dolor.
Estoy unida de por vida a ella, y nuestro encuentro será pronto.
Por las noches siento frio, pese a ser verano en mi ciudad. Se que no es por mí, sino por ella, indefensa, durmiendo en el frío invierno de Europa sin frazadas ni colchas calientes. Siquiera tiene un colchón. Duerme en su choza, en el suelo, en donde queda espacio. Y tiene frío, mis dientes tiemblan junto con el frío que siente mi cuerpo. 30 grados en Buenos Aires, y yo, preocupada, pensando que me subió la temperatura, me doy cuenta que no. Que mi frío se debe a ella, que está allá y tiemblo.
lunes, 18 de julio de 2011
Proyecto narrativo II
Esta semana estuve mirando un poco los autores. Me gustan ciertos aspectos de cada uno: la idea de Kafka que cuenta la historia secreta con claridad y sencillez, y narra a su vez la historia visible hasta convertirla en algo enigmático y oscuro. Me gustó la idea de narrar el problema central del texto con suma naturalidad, poner lo terrible en el punto de partida y desde ahí que sea amenazador.
Me gusta también la idea de jugar con la constante amenaza de que lo peor ocurra.
Estuve leyendo (por segunda vez) la metamorfósis y está bueno cómo el autor plantea desde un principio la ridiculez de la situación, lo problemática que es y sin vueltas. Creo que es más llevadero y fácil de entender.
Chejov no me termina de convencer ya que no suele utilizar los finales sorpresivos, y es algo que a mi personalmente me encanta.
Luego de leer a varios autores, también me gusta la idea (sacada del libro BESTIARIO de Julio Cortazar) de hacer algo del estilo a "cartas de una señorita de parís". Está divertida la idea de contar todo por medio de una carta, podría ser una carta de confesiones o revelación de cierto enigma.
También la idea de escribir un monólogo interior de una persona en una situación determinada me parece entretenido.
Volviendo a mi tema, encontré algo que no concuerda mucho con lo de la semana anterior. Me gustaría hacer un viaje a un mundo paralelo, donde haya dobles de nosotros mismos (como el cuento LEJANA de bestiario). Una idea así tomándolo desde la conciencia de un personaje que sienta que hay un mundo paralelo, logre viajar con su imaginación y pueda concretar el encuentro con su doble.
los mantengo informados ! Besos.
PD: Claudia, tuve un problema para escanear el texto. En cuanto pueda veo cómo solucionarlo. Gracias.
Me gusta también la idea de jugar con la constante amenaza de que lo peor ocurra.
Estuve leyendo (por segunda vez) la metamorfósis y está bueno cómo el autor plantea desde un principio la ridiculez de la situación, lo problemática que es y sin vueltas. Creo que es más llevadero y fácil de entender.
Chejov no me termina de convencer ya que no suele utilizar los finales sorpresivos, y es algo que a mi personalmente me encanta.
Luego de leer a varios autores, también me gusta la idea (sacada del libro BESTIARIO de Julio Cortazar) de hacer algo del estilo a "cartas de una señorita de parís". Está divertida la idea de contar todo por medio de una carta, podría ser una carta de confesiones o revelación de cierto enigma.
También la idea de escribir un monólogo interior de una persona en una situación determinada me parece entretenido.
Volviendo a mi tema, encontré algo que no concuerda mucho con lo de la semana anterior. Me gustaría hacer un viaje a un mundo paralelo, donde haya dobles de nosotros mismos (como el cuento LEJANA de bestiario). Una idea así tomándolo desde la conciencia de un personaje que sienta que hay un mundo paralelo, logre viajar con su imaginación y pueda concretar el encuentro con su doble.
los mantengo informados ! Besos.
PD: Claudia, tuve un problema para escanear el texto. En cuanto pueda veo cómo solucionarlo. Gracias.
jueves, 7 de julio de 2011
Principios del proyecto narrativo
Me encuentro en una instancia, como muchos de mis compañeros, de incertidumbre.
Sin embargo, tengo bien en claro que quiero escribir sobre un viaje que no sea tan explicito y literal, sino mas bien abstracto y metafórico.
La idea es poder expresar algún cambio en un personaje, un cambio interno, como ser de la niñez a la madurez, de la vida a la muerte, del amor al desamor, entre otras ideas.
Me gusta la idea de armar un cuento, pienso que es más llevadero, entretenido y con menos limitación sobre qué, cómo y en qué circunstancias escribir. Me resulta más interesante porque puede fluír más facilmente ya que, al tratarse de algo ficticio (en este caso), mi imaginación se encuentra más cómoda para actuar.
Aunque todavía poco y nada definidio, creo que voy por un buen camino. Si bien a convicción en qué hacer no es mi fuerte, creo que nutrir una idea que se me va ocurriendo puede ayudarme a dejar de ser tan indesisa.
Una muerte, un amor, ¿dos viajes?
El dejar de amar, el viaje entre una historia llena de pasión y otra, ¿implica un cambio de estado?
Preguntas surgen y surgen constantemente.
Quizas a la hora de escribir sea algo completamente distinto a lo que expresé acá, pero todo sirve como una base. De algún lado hay que partir.
Sin embargo, tengo bien en claro que quiero escribir sobre un viaje que no sea tan explicito y literal, sino mas bien abstracto y metafórico.
La idea es poder expresar algún cambio en un personaje, un cambio interno, como ser de la niñez a la madurez, de la vida a la muerte, del amor al desamor, entre otras ideas.
Me gusta la idea de armar un cuento, pienso que es más llevadero, entretenido y con menos limitación sobre qué, cómo y en qué circunstancias escribir. Me resulta más interesante porque puede fluír más facilmente ya que, al tratarse de algo ficticio (en este caso), mi imaginación se encuentra más cómoda para actuar.
Aunque todavía poco y nada definidio, creo que voy por un buen camino. Si bien a convicción en qué hacer no es mi fuerte, creo que nutrir una idea que se me va ocurriendo puede ayudarme a dejar de ser tan indesisa.
Una muerte, un amor, ¿dos viajes?
El dejar de amar, el viaje entre una historia llena de pasión y otra, ¿implica un cambio de estado?
Preguntas surgen y surgen constantemente.
Quizas a la hora de escribir sea algo completamente distinto a lo que expresé acá, pero todo sirve como una base. De algún lado hay que partir.
sábado, 11 de junio de 2011
Cuento Narrativo ( a ver si me ayudan a ponerle título !)
Un paso más y terminaba. El final estaba en mis manos. Ya no debería soportar más la eterna tortura que me carcomía desde hacía varios años. Así no podía seguir viviendo, día tras día luchando contra algo que nunca iba a suceder: que sea mío.
¿Qué sentido tenía seguir intentándolo si estaba tan claro el final de la historia? Intenté calmarme. Retrocedí dos pasos y miré hacia abajo. Solo faltaba que mi cuerpo deje de lado su pulsión de vida y me acompañe en el razonamiento -sumamente coherente- de que tirarme era la única salida.
Volví hacia adelante; un leve recuerdo de mi infancia se apoderó de mí por algunos segundos. Esas eran épocas felices, mis problemas eran solucionados por otros que me cuidaban más que a sus propias vidas, y, por supuesto, no estaba él…
Volví a avanzar. Un paso más y sería parte de la historia. Otra muerte por amor, amor muerto o muerte al amor. Lindos títulos para la próxima novela del siglo, quien sabe podría ser protagonista del relato y volverme famosa y él finalmente me querría… No. Nada me lo iba a devolver, y sin su amor yo estaba muerta. Se había ido sin decirme una palabra. ¿Qué diferencia había entonces entre vivir muerta o morir y quien dice descansar feliz?
Podría haber tomado otro camino. Juan era un buen partido también, pero ya a los 40 mi vida estaba destinada al fracaso. Debería haberme casado con él y listo. A lo fácil, nada de vueltas. Ahora posiblemente estaría en mi casa de verano con quien sabe cuántos hijos y… ¿Feliz? Nunca. Omar me daba ese amor. Ese juego de palabras que me tuvo la cabeza ocupada durante tres eternos años. Amor, Omar, Mar, Roma. Y podría seguir, pero no hay tiempo. Es el día en el que decido morir por amor y mostrarle al mundo que mi vida quedó arruinada. ¿Enterrarme en Roma? Podría ser lindo para el final de una historia tan pasional tal Romeo y Julieta (solo que en mi caso Romeo me abandonó) y me arruino la vida pero a su vez le dio todo el sentido posible porque el amor es el sentimiento más profundo que alguien puede sentir y…
Muy terrible. Al fin y al cabo mi vida no había sido tan mala. Antes de conocerlo solía ser una persona común, mis amigos no notaban nada raro en mí e interactuaba perfectamente con la gente de mi alrededor. Pero luego de ese 21 de Junio fue como un volver a nacer. Es al día de hoy que no me reconozco, tengo muchas canas y estoy arrugada, mi humor es más bajo que mi primo enano y mi sonrisa quedo atrapada en las tumbas de los luchadores de la primera guerra mundial.
“Depresión”- me indicaron en el psiquiatra - “Tomé diez pastilla por día y verá como su vida vuelve a funcionar con total normalidad”. Ya ves como estoy, mucho efecto hicieron esas píldoras mágicas. Suicidarme desde el balcón acabaría tanto con las pastillas que tanto me costaba tragar como conmigo. Así no sería un problema más para el psiquiatra, ni para mis padres, ni para mis amigos. Era lo mejor para toda la humanidad, y para él… ¿Qué le importaba si me tiraba o no? Por lo menos viviría el resto de su vida con el peso de ser el causante principal y único de una muerte más (si, ya se habían tirado por él varias chicas. Creo que fueron dos o tres, hará unos cinco años. Mariela y Mariana, relaciones paralelas, hijos de por medio y finales trágicos. Historia trillada). Yo soy su próxima víctima. Perverso. Pero tan lindo.
No dejo de pensar la idea de morir por amor. Es trágico, me gusta sufrir. A él le gustaba que sufran por él. No estoy loca, repito, es solo una cuestión de gustos. Me resulta atractivo arriesgarme por algo o alguien, aunque esa persona no me registre si quiera. Si tan solo supiera que pasó en el medio y por qué sus sentimientos cambiaron de un segundo al otro…
Avancé. Medio pie más y mi cuerpo caería desplomado por el balcón de mi casa. Abajo están los autos, pido perdón por anticipado. También voy a ser causante de un gasto de aproximadamente tres mil pesos en arreglar ese hueco que dejará mi hermoso cuerpo en sus techos. Al menos van a salir en las noticias como “víctimas de otra loca”. Otro buen título para una novela. Quizás ésta sí él la compraría y se acordaría de mí. Siempre me decía que estaba loca. Era la única forma. Un final trágico que causará tráfico y no de drogas, por primera vez en la historia. Hoy hago historia. Hoy se va a acordar de mí.
Las autoridades retiraron el cuerpo que arruinó al menos dos autos. “Otra loca suicida” salió en las tapas de todos los diarios del día. Omar salió del café con diario en mano, y al reconocer la foto de ella, un breve recuerdo se le pasó por la mente. Creyó conocerla, pero no se acordaba bien de dónde. Se apenó por la pobre mujer y siguió su camino. Luego del accidente automovilístico que había sufrido hacía ya dos años, se había olvidado hasta de su prometida compañera de vida.
¿Qué sentido tenía seguir intentándolo si estaba tan claro el final de la historia? Intenté calmarme. Retrocedí dos pasos y miré hacia abajo. Solo faltaba que mi cuerpo deje de lado su pulsión de vida y me acompañe en el razonamiento -sumamente coherente- de que tirarme era la única salida.
Volví hacia adelante; un leve recuerdo de mi infancia se apoderó de mí por algunos segundos. Esas eran épocas felices, mis problemas eran solucionados por otros que me cuidaban más que a sus propias vidas, y, por supuesto, no estaba él…
Volví a avanzar. Un paso más y sería parte de la historia. Otra muerte por amor, amor muerto o muerte al amor. Lindos títulos para la próxima novela del siglo, quien sabe podría ser protagonista del relato y volverme famosa y él finalmente me querría… No. Nada me lo iba a devolver, y sin su amor yo estaba muerta. Se había ido sin decirme una palabra. ¿Qué diferencia había entonces entre vivir muerta o morir y quien dice descansar feliz?
Podría haber tomado otro camino. Juan era un buen partido también, pero ya a los 40 mi vida estaba destinada al fracaso. Debería haberme casado con él y listo. A lo fácil, nada de vueltas. Ahora posiblemente estaría en mi casa de verano con quien sabe cuántos hijos y… ¿Feliz? Nunca. Omar me daba ese amor. Ese juego de palabras que me tuvo la cabeza ocupada durante tres eternos años. Amor, Omar, Mar, Roma. Y podría seguir, pero no hay tiempo. Es el día en el que decido morir por amor y mostrarle al mundo que mi vida quedó arruinada. ¿Enterrarme en Roma? Podría ser lindo para el final de una historia tan pasional tal Romeo y Julieta (solo que en mi caso Romeo me abandonó) y me arruino la vida pero a su vez le dio todo el sentido posible porque el amor es el sentimiento más profundo que alguien puede sentir y…
Muy terrible. Al fin y al cabo mi vida no había sido tan mala. Antes de conocerlo solía ser una persona común, mis amigos no notaban nada raro en mí e interactuaba perfectamente con la gente de mi alrededor. Pero luego de ese 21 de Junio fue como un volver a nacer. Es al día de hoy que no me reconozco, tengo muchas canas y estoy arrugada, mi humor es más bajo que mi primo enano y mi sonrisa quedo atrapada en las tumbas de los luchadores de la primera guerra mundial.
“Depresión”- me indicaron en el psiquiatra - “Tomé diez pastilla por día y verá como su vida vuelve a funcionar con total normalidad”. Ya ves como estoy, mucho efecto hicieron esas píldoras mágicas. Suicidarme desde el balcón acabaría tanto con las pastillas que tanto me costaba tragar como conmigo. Así no sería un problema más para el psiquiatra, ni para mis padres, ni para mis amigos. Era lo mejor para toda la humanidad, y para él… ¿Qué le importaba si me tiraba o no? Por lo menos viviría el resto de su vida con el peso de ser el causante principal y único de una muerte más (si, ya se habían tirado por él varias chicas. Creo que fueron dos o tres, hará unos cinco años. Mariela y Mariana, relaciones paralelas, hijos de por medio y finales trágicos. Historia trillada). Yo soy su próxima víctima. Perverso. Pero tan lindo.
No dejo de pensar la idea de morir por amor. Es trágico, me gusta sufrir. A él le gustaba que sufran por él. No estoy loca, repito, es solo una cuestión de gustos. Me resulta atractivo arriesgarme por algo o alguien, aunque esa persona no me registre si quiera. Si tan solo supiera que pasó en el medio y por qué sus sentimientos cambiaron de un segundo al otro…
Avancé. Medio pie más y mi cuerpo caería desplomado por el balcón de mi casa. Abajo están los autos, pido perdón por anticipado. También voy a ser causante de un gasto de aproximadamente tres mil pesos en arreglar ese hueco que dejará mi hermoso cuerpo en sus techos. Al menos van a salir en las noticias como “víctimas de otra loca”. Otro buen título para una novela. Quizás ésta sí él la compraría y se acordaría de mí. Siempre me decía que estaba loca. Era la única forma. Un final trágico que causará tráfico y no de drogas, por primera vez en la historia. Hoy hago historia. Hoy se va a acordar de mí.
Las autoridades retiraron el cuerpo que arruinó al menos dos autos. “Otra loca suicida” salió en las tapas de todos los diarios del día. Omar salió del café con diario en mano, y al reconocer la foto de ella, un breve recuerdo se le pasó por la mente. Creyó conocerla, pero no se acordaba bien de dónde. Se apenó por la pobre mujer y siguió su camino. Luego del accidente automovilístico que había sufrido hacía ya dos años, se había olvidado hasta de su prometida compañera de vida.
sábado, 14 de mayo de 2011
Historia del Centro Cultural Carlos Gardél.
Resultó difícil acceder a la información en el lugar, puesto que nadie sabía contestarme a mi pregunta sobre la historia del mismo. Me recomendaron buscar en Google, pero no hubo caso. Esto aumentó mi intriga sobre el tema, ¿Por qué no lograba conseguir la información?
Decidí no quedarme de brazos cruzados y envié un mail a la secretaría general de cultura, casi desanimada, porque estaba segura de que no iba a obtener respuesta alguna. Sin embargo, en el mail no olvidé mencionar que era estudiante de la UBA creyendo que eso sumaría una mínima posibilidad de respuesta.
A los tres días, me llegó un mail del Lic. Diego Alonso, quien amablemente me había enviado un documento con la historia del lugar, así como también las distintas páginas web del centro que explicitaban las actividades del mismo. Quedé realmente impactada por la generosidad con la que me respondió un total desconocido. ¡Hasta me dijo que cualquier duda le vuelva a consultar!
Así comencé la investigación. El Espacio Cultural Carlos Gardel es un galpón recuperado en el año 2004, y adaptado para realizar actividades artísticas de carácter multidisciplinario. Está ubicado en el corazón de lo que se conformó a mediados de los ’80 como un circuito de servicios audiovisuales (productoras, agencias, estudios y afines) entre Chacarita y Colegiales.
Desde sus comienzos, el objetivo del centro fue constituirse en un sitio abierto a la comunidad para promover y representar los intereses culturales, y también para brindar apoyo a organizaciones educativas y sociales, ubicadas dentro de los barrios cercanos.
Su plan de gestión consistió fundamentalmente en otorgarle lugar y difusión a la tarea de los creadores y también a atender las demandas locales de arte. Además fue sede de ciertos espectáculos y actividades del ministerio de cultura y el GCBA. Es para todo esto que cuenta con un auditorio, salas para talleres y exposiciones, oficinas de administración, camarines, etc.
El ministerio de Cultura de la Ciudad se ocupa de sostenerlo económicamente.
Un “espacio de cultura” puede entenderse como un lugar que es parte del equipamiento urbano de la ciudad, que sirve para actividades recreativas o artísticas, así como también para la educación y actualización de conocimientos. Sin embargo lo importante no es la actividad en particular, sino lo que se genera en torno y a partir de ello.
Se debe distinguir “espacio cultural” de “centro cultural tradicional”, ya que en el segundo subyace la idea de organización especializada que privilegia la transferencia de conocimientos, poniendo énfasis a la formación artística de los sujetos. También es claro aclarar que los espacios culturales, actualmente se deben conceptuar como sitios que contribuyen no sólo a generar sentido a los momentos de ocio de los sujetos, sino también como fuentes nuevas de conocimiento de manera autodidacta.
En el año 2010 estuvo prevista una refacción del lugar, mejorando las instalaciones del edificio así como la calidad de los servicios. Por otro lado, generar un espacio de formación artística a partir de talleres, seminarios, clases y charlas.
El Gardél se ocupa de propuestas culturales que consideren la contemplación, interpretación y aprendizaje. Es por esto que todos los meses la programación varía de acuerdo a ejes temáticos, de modo tal que las actividades comulguen de forma directa con ejes seleccionados.
Por último Se trabajó sobre la creación de un club de chicos, cuyo sentido hizo hincapié en la educación a través del arte, y tuvo como objetivo atender a niñas y niños, para entrenarlos como intérpretes y como críticos de las distintas disciplinas artísticas.
Ahora es tiempo de aprovechar todo lo que éste espacio cultural tiene para ofrecernos.
Decidí no quedarme de brazos cruzados y envié un mail a la secretaría general de cultura, casi desanimada, porque estaba segura de que no iba a obtener respuesta alguna. Sin embargo, en el mail no olvidé mencionar que era estudiante de la UBA creyendo que eso sumaría una mínima posibilidad de respuesta.
A los tres días, me llegó un mail del Lic. Diego Alonso, quien amablemente me había enviado un documento con la historia del lugar, así como también las distintas páginas web del centro que explicitaban las actividades del mismo. Quedé realmente impactada por la generosidad con la que me respondió un total desconocido. ¡Hasta me dijo que cualquier duda le vuelva a consultar!
Así comencé la investigación. El Espacio Cultural Carlos Gardel es un galpón recuperado en el año 2004, y adaptado para realizar actividades artísticas de carácter multidisciplinario. Está ubicado en el corazón de lo que se conformó a mediados de los ’80 como un circuito de servicios audiovisuales (productoras, agencias, estudios y afines) entre Chacarita y Colegiales.
Desde sus comienzos, el objetivo del centro fue constituirse en un sitio abierto a la comunidad para promover y representar los intereses culturales, y también para brindar apoyo a organizaciones educativas y sociales, ubicadas dentro de los barrios cercanos.
Su plan de gestión consistió fundamentalmente en otorgarle lugar y difusión a la tarea de los creadores y también a atender las demandas locales de arte. Además fue sede de ciertos espectáculos y actividades del ministerio de cultura y el GCBA. Es para todo esto que cuenta con un auditorio, salas para talleres y exposiciones, oficinas de administración, camarines, etc.
El ministerio de Cultura de la Ciudad se ocupa de sostenerlo económicamente.
Un “espacio de cultura” puede entenderse como un lugar que es parte del equipamiento urbano de la ciudad, que sirve para actividades recreativas o artísticas, así como también para la educación y actualización de conocimientos. Sin embargo lo importante no es la actividad en particular, sino lo que se genera en torno y a partir de ello.
Se debe distinguir “espacio cultural” de “centro cultural tradicional”, ya que en el segundo subyace la idea de organización especializada que privilegia la transferencia de conocimientos, poniendo énfasis a la formación artística de los sujetos. También es claro aclarar que los espacios culturales, actualmente se deben conceptuar como sitios que contribuyen no sólo a generar sentido a los momentos de ocio de los sujetos, sino también como fuentes nuevas de conocimiento de manera autodidacta.
En el año 2010 estuvo prevista una refacción del lugar, mejorando las instalaciones del edificio así como la calidad de los servicios. Por otro lado, generar un espacio de formación artística a partir de talleres, seminarios, clases y charlas.
El Gardél se ocupa de propuestas culturales que consideren la contemplación, interpretación y aprendizaje. Es por esto que todos los meses la programación varía de acuerdo a ejes temáticos, de modo tal que las actividades comulguen de forma directa con ejes seleccionados.
Por último Se trabajó sobre la creación de un club de chicos, cuyo sentido hizo hincapié en la educación a través del arte, y tuvo como objetivo atender a niñas y niños, para entrenarlos como intérpretes y como críticos de las distintas disciplinas artísticas.
Ahora es tiempo de aprovechar todo lo que éste espacio cultural tiene para ofrecernos.
"Primera vez en el centro cultural II"
Primera vez en ver el centro cultural
Apenas logré desencandilarme del radiante sol que reposaba directamente en mis ojos, pude observar una gran puerta que me indicaba que había llegado al “Centro Cultural Gardel”. Empujé hacia adentro, y entré a un gran galpón refaccionado, bastante oscuro pero que me transmitía buena energía.
Me encontré con un escritorio, donde una persona sentada sobre una silla me preguntó si necesitaba algo. Le comenté que mi visita se debía a que estaba realizando un trabajo sobre el lugar, y me explicó que podía recorrer tres distintos sectores dentro del centro, y que los espacios culturales existían de tarde para los niños y de noche para los adultos. Indagué mi duda sobre la historia del lugar, a lo que no supieron qué responderme.
Allí también me repartieron un folleto con las actividades culturales que se estaban llevando a cabo durante el mes de mayo. El lugar cuenta con un microcine (actualmente están proyectando un ciclo sobre “los trabajadores”, donde se exponen películas como “Marty”, “Tiempos modernos”, “Prisioneros en la tierra”). También está la sección de: Procesos (colección de pinturas-collage con paisajes de la imaginación. Se juega entre la abstracción y figuración, que ofrecen una particular visión del mundo y su enorme complejidad); Cortometrajes (“Glas”,” Vive le tour”, “El mercader de las cuatro estaciones”); Música (“El balcón”, un dúo de tango; “Gabriel Rivano”, “Mariana Pereiro & Guille Capocci”, repertorio de música sudamericana); Teatro (“Clasificlownies” para los más chicos y “¿Cómo era tu nombre?” para adultos). También cuenta con talleres (guitarra y teatro para chicos entre otros) y una biblioteca. Todas las actividades son con entrada libre y gratuita.
Luego de saber de qué se trataba el centro, decidí comenzar mi recorrido. Ingresé a la primera sala, que contaba con diversos cuadros de forma redonda colgados en una pared blanca. Éstos eran bastante parecidos entre sí. Al no encontrar nada interesante en ellos desvié mi mirada hacia la última pared de la sala, que contaba con dos cuadros de forma cuadrada que pudieron captar más mi atención por diferenciarse del resto.
Luego aparecí nuevamente en el hall de entrada, lo examiné un buen rato y noté la existencia de una mesa ratona rodeada de sofás, los cuales daban la sensación de un living de una casa.
Desde el Hall podían verse unas escaleras que no pude averiguar a dónde conducían, pero seguí su recorrido con la vista y en el segundo nivel había dos vitrales (ambos de forma redonda, como los cuadros de la primer sala) que le daban al lugar una pinta muy interesante.
Un poco más a la derecha del Hall, había una exposición de trajes indumentarios desde la Revolución de Mayo hasta nuestros días. Se trataba de cómo había evolucionado la moda con el paso del tiempo. Había un cartel que decía: “La vestimenta es una forma de evidenciar los sentimientos humanos básicos”. Ésta frase me quedó dando vueltas en la cabeza, ¿realmente era así? No estaba en total acuerdo con tal afirmación, supuse que la vestimenta, si bien era un factor importante a lo largo de la historia para la sociedad, poco tenía que ver con los sentimientos humanos. Justamente, al tratarse de algo material y poseyente de un valor, lo noté alejado sobre algo tan abstracto como el sentimiento que está ligado a lo espiritual. Sin embargo, decidí que no era momento para ampliar sobre el tema, por lo que continué mi recorrido.
Comencé a mirar detalladamente las prendas desde el año 1900, sentí como si me hubiese sumergido en un viaje en el tiempo. Recorrí época por época viendo los distintos tipos de vestimenta. De a momentos me olvidaba que estaba en el año 2011, mi interés por lo que se usaba en el pasado se había despertado.
Algo que me llamó la atención fue cuando llegué al “estilo charlestón”, de 1920. Se hacían llamar “los años locos”, ya que luego de la Primera Guerra Mundial, la gente joven solo quería pasarla bien deshaciéndose de todos los convencionalismos para adoptar una vida más frívola. “Las mujeres se maquillaban, fumaban y la moda evolucionaba. Todo lo que importaba era divertirse y disfrutar. Los vestidos se acortaron y se incorporaron los flecos para darle glamour al baile”.
Justo antes de finalizar mi viaje en el tiempo, me encontré con un traje que no había visto nunca. Parecía la vestimenta de un hombre del futuro. Me pregunté si realmente en alguna época la gente se había vestido así; Nada en mi cabeza se conectaba, hasta que leí el cartel que había frente al traje, que interrogaba: “¿cómo será la moda en el siglo XXI?”. Se trataba de una especulación a futuro, sobre cómo los creadores de la muestra se habían imaginado el día de mañana. Personalmente, lo hubiese proyectado distinto. Creo que la ropa del futuro no será tan gris, sino más bien de colores. Me pareció que aquel traje tenía una pinta muy triste, apagado. No me gustó pensar al futuro de esa manera. Admito que un aire de angustia e incertidumbre recorrió mi cuerpo.
Me crucé después con la segunda sala de exhibiciones. Una vez adentro, pude notar que era casi igual que la primera, salvo que en vez de que los cuadros sean redondos, eran todos cuadrados y estaban colgados sobre una idéntica pared blanca. El aspecto formal y prolijo me aburrió, otra vez, por lo que eché un último vistazo y salí nuevamente al Hall. Era impactante como dentro de las salas me sentía dentro de un museo por la formalidad y la perfección, y cuando me iba me transportaba a otro lado completamente: un lugar mucho más relajado, más libre, con más gracia y entretenimiento.
Conocí la sala de teatro traspasando una cortina color negra. Se trataba del tercer sector. Me pareció un lugar muy lindo y espacioso. Estaba vacío y se veía el escenario. Imaginé el mismo lugar con mucha gente y la manera en la que cambiaría su aspecto cuando haya función y público; un lugar maravilloso.
Mi recorrido había terminado por el día, agradecí al mismo hombre del escritorio y salí abriendo la misma puerta. Esta vez, me encandilé. Realmente había olvidado que afuera hacía tan lindo día.
Apenas logré desencandilarme del radiante sol que reposaba directamente en mis ojos, pude observar una gran puerta que me indicaba que había llegado al “Centro Cultural Gardel”. Empujé hacia adentro, y entré a un gran galpón refaccionado, bastante oscuro pero que me transmitía buena energía.
Me encontré con un escritorio, donde una persona sentada sobre una silla me preguntó si necesitaba algo. Le comenté que mi visita se debía a que estaba realizando un trabajo sobre el lugar, y me explicó que podía recorrer tres distintos sectores dentro del centro, y que los espacios culturales existían de tarde para los niños y de noche para los adultos. Indagué mi duda sobre la historia del lugar, a lo que no supieron qué responderme.
Allí también me repartieron un folleto con las actividades culturales que se estaban llevando a cabo durante el mes de mayo. El lugar cuenta con un microcine (actualmente están proyectando un ciclo sobre “los trabajadores”, donde se exponen películas como “Marty”, “Tiempos modernos”, “Prisioneros en la tierra”). También está la sección de: Procesos (colección de pinturas-collage con paisajes de la imaginación. Se juega entre la abstracción y figuración, que ofrecen una particular visión del mundo y su enorme complejidad); Cortometrajes (“Glas”,” Vive le tour”, “El mercader de las cuatro estaciones”); Música (“El balcón”, un dúo de tango; “Gabriel Rivano”, “Mariana Pereiro & Guille Capocci”, repertorio de música sudamericana); Teatro (“Clasificlownies” para los más chicos y “¿Cómo era tu nombre?” para adultos). También cuenta con talleres (guitarra y teatro para chicos entre otros) y una biblioteca. Todas las actividades son con entrada libre y gratuita.
Luego de saber de qué se trataba el centro, decidí comenzar mi recorrido. Ingresé a la primera sala, que contaba con diversos cuadros de forma redonda colgados en una pared blanca. Éstos eran bastante parecidos entre sí. Al no encontrar nada interesante en ellos desvié mi mirada hacia la última pared de la sala, que contaba con dos cuadros de forma cuadrada que pudieron captar más mi atención por diferenciarse del resto.
Luego aparecí nuevamente en el hall de entrada, lo examiné un buen rato y noté la existencia de una mesa ratona rodeada de sofás, los cuales daban la sensación de un living de una casa.
Desde el Hall podían verse unas escaleras que no pude averiguar a dónde conducían, pero seguí su recorrido con la vista y en el segundo nivel había dos vitrales (ambos de forma redonda, como los cuadros de la primer sala) que le daban al lugar una pinta muy interesante.
Un poco más a la derecha del Hall, había una exposición de trajes indumentarios desde la Revolución de Mayo hasta nuestros días. Se trataba de cómo había evolucionado la moda con el paso del tiempo. Había un cartel que decía: “La vestimenta es una forma de evidenciar los sentimientos humanos básicos”. Ésta frase me quedó dando vueltas en la cabeza, ¿realmente era así? No estaba en total acuerdo con tal afirmación, supuse que la vestimenta, si bien era un factor importante a lo largo de la historia para la sociedad, poco tenía que ver con los sentimientos humanos. Justamente, al tratarse de algo material y poseyente de un valor, lo noté alejado sobre algo tan abstracto como el sentimiento que está ligado a lo espiritual. Sin embargo, decidí que no era momento para ampliar sobre el tema, por lo que continué mi recorrido.
Comencé a mirar detalladamente las prendas desde el año 1900, sentí como si me hubiese sumergido en un viaje en el tiempo. Recorrí época por época viendo los distintos tipos de vestimenta. De a momentos me olvidaba que estaba en el año 2011, mi interés por lo que se usaba en el pasado se había despertado.
Algo que me llamó la atención fue cuando llegué al “estilo charlestón”, de 1920. Se hacían llamar “los años locos”, ya que luego de la Primera Guerra Mundial, la gente joven solo quería pasarla bien deshaciéndose de todos los convencionalismos para adoptar una vida más frívola. “Las mujeres se maquillaban, fumaban y la moda evolucionaba. Todo lo que importaba era divertirse y disfrutar. Los vestidos se acortaron y se incorporaron los flecos para darle glamour al baile”.
Justo antes de finalizar mi viaje en el tiempo, me encontré con un traje que no había visto nunca. Parecía la vestimenta de un hombre del futuro. Me pregunté si realmente en alguna época la gente se había vestido así; Nada en mi cabeza se conectaba, hasta que leí el cartel que había frente al traje, que interrogaba: “¿cómo será la moda en el siglo XXI?”. Se trataba de una especulación a futuro, sobre cómo los creadores de la muestra se habían imaginado el día de mañana. Personalmente, lo hubiese proyectado distinto. Creo que la ropa del futuro no será tan gris, sino más bien de colores. Me pareció que aquel traje tenía una pinta muy triste, apagado. No me gustó pensar al futuro de esa manera. Admito que un aire de angustia e incertidumbre recorrió mi cuerpo.
Me crucé después con la segunda sala de exhibiciones. Una vez adentro, pude notar que era casi igual que la primera, salvo que en vez de que los cuadros sean redondos, eran todos cuadrados y estaban colgados sobre una idéntica pared blanca. El aspecto formal y prolijo me aburrió, otra vez, por lo que eché un último vistazo y salí nuevamente al Hall. Era impactante como dentro de las salas me sentía dentro de un museo por la formalidad y la perfección, y cuando me iba me transportaba a otro lado completamente: un lugar mucho más relajado, más libre, con más gracia y entretenimiento.
Conocí la sala de teatro traspasando una cortina color negra. Se trataba del tercer sector. Me pareció un lugar muy lindo y espacioso. Estaba vacío y se veía el escenario. Imaginé el mismo lugar con mucha gente y la manera en la que cambiaría su aspecto cuando haya función y público; un lugar maravilloso.
Mi recorrido había terminado por el día, agradecí al mismo hombre del escritorio y salí abriendo la misma puerta. Esta vez, me encandilé. Realmente había olvidado que afuera hacía tan lindo día.
martes, 10 de mayo de 2011
"Mochila" Segunda versión.
Nicolás se paró frente al cartel que le habían indicado. El viaje estaba a punto de comenzar. Estaba esperando el micro en retiro, cuando una persona algo extraña y de no muy buen aspecto se le acercó tímidamente ofreciéndole una mochila un tanto vieja.
El hombre portaba una capa de color marrón viejo, y cubría su cara con un turbante que, honestamente, nunca había visto en su vida. Su aspecto era extraño, tanto que hasta daba miedo. A Nicolás se le cruzaron varias imágenes por su cabeza, la primera de todas fue salir corriendo. Pero, era hora de superar los prejuicios. ¿Y si las intenciones de aquel sujeto no eran malas? ¿Y si tenía algo importante que decirle? El miedo lo dejó de lado, y confió en que la suerte del destino estaba de su lado.
Pese a su extrañamiento, decidió aceptar la mochila (aunque un poco desconfiadamente). Cuando la agarró, erróneamente tocó la mano del hombre que se la estaba otorgando y ahí muchas sensaciones fluyeron por su cuerpo. Era tristeza, alegría, emoción y miedo a la vez. Sabía que aquel hombre tenía algo especial para transmitir, pero que, por alguna razón, no podía hacerlo mediante la palabra. Sentía que le estaban entregando una herramienta esencial para descubrir algo, algo que todavía no sabía bien qué era, y debía descubrirlo.
Luego del contacto físico, el hombre escapó tan rápido como pudo y se escabulló entre las demás personas. Hasta se podría decir que desapareció.
Nunca había vivido eso en su vida. Nunca nadie le había regalado nada tan desinteresadamente. Nunca le había tocado ser “el elegido”. Todo era extraño y él mismo se asombraba de su coraje, porque en ningún momento sintió miedo. Estaba en un estado de shock, por supuesto, con la mochila colgando de su brazo derecho. Sonó la campana, el micro estaba por salir.
Se sentó sobre su asiento y luego de leer varias páginas de su libro nuevo, se decidió a abrir la mochila. Era antigua de color gris viejo y portaba un poco de polvo. Nicolás la sacudió descubriendo cuatro cierres; uno de ellos poseía un candado.
En el primer bolsillo descubrió una botella de agua y varias prendas de ropa vieja. Supuso que eran de grata importancia, ya que su viaje se trataba de una expedición en las montañas más altas de Córdoba. Era una ciudad que siempre le había interesado mucho, debido a que sus antepasados provenían de allí. Siempre supo que había un gran secreto escondido en alguna de las tantas montañas, y había decidido que ese era el momento de descifrar tal misterio.
En el segundo bolsillo pudo descubrir un paquete con un cartel “abra aquí”. Pese a la tentación, Nico supuso que se trataba de una trampa por lo que decidió mantenerlo cerrado. En ese mismo bolsillo, la mochila se encontraba con una pequeña rajadura que sumaba más sospechas a su nuevo dueño.
Ahora, tocaba el tercer bolsillo. Tenía un cierre particular con forma de torre empinada, muy parecida a las fotos de las montañas que el protagonista había observado en Internet. Dentro de éste había una carta: “Soy tu guía, dentro de mí vas a encontrar todos los objetos útiles para esta gran búsqueda. No avances con temor, caminemos juntos. La respuesta al candado encerrado la encontrarás en las mismas montañas”.
La cara de Nicolás era de completo asombro. ¿Por qué alguien le había entregado una mochila llena de misterios a él? ¿Qué importancia podía llegar a tener tal objeto? ¿Debería conservarla?
Millones de preguntas distrajeron su mente, sin darse cuenta de que ya había llegado a destino. Antes de bajar observó el último cierre, que tenía un candado. Recordó lo que decía la carta y decidió que era tiempo de averiguar qué había en él. Lo primero había pasado, ya tenía confianza en su mochila y estaba preparado para iniciar una segunda aventura con ella. Debía resolver ese misterio lo más rápido posible. Una nueva misión se le aproximaba.
El hombre portaba una capa de color marrón viejo, y cubría su cara con un turbante que, honestamente, nunca había visto en su vida. Su aspecto era extraño, tanto que hasta daba miedo. A Nicolás se le cruzaron varias imágenes por su cabeza, la primera de todas fue salir corriendo. Pero, era hora de superar los prejuicios. ¿Y si las intenciones de aquel sujeto no eran malas? ¿Y si tenía algo importante que decirle? El miedo lo dejó de lado, y confió en que la suerte del destino estaba de su lado.
Pese a su extrañamiento, decidió aceptar la mochila (aunque un poco desconfiadamente). Cuando la agarró, erróneamente tocó la mano del hombre que se la estaba otorgando y ahí muchas sensaciones fluyeron por su cuerpo. Era tristeza, alegría, emoción y miedo a la vez. Sabía que aquel hombre tenía algo especial para transmitir, pero que, por alguna razón, no podía hacerlo mediante la palabra. Sentía que le estaban entregando una herramienta esencial para descubrir algo, algo que todavía no sabía bien qué era, y debía descubrirlo.
Luego del contacto físico, el hombre escapó tan rápido como pudo y se escabulló entre las demás personas. Hasta se podría decir que desapareció.
Nunca había vivido eso en su vida. Nunca nadie le había regalado nada tan desinteresadamente. Nunca le había tocado ser “el elegido”. Todo era extraño y él mismo se asombraba de su coraje, porque en ningún momento sintió miedo. Estaba en un estado de shock, por supuesto, con la mochila colgando de su brazo derecho. Sonó la campana, el micro estaba por salir.
Se sentó sobre su asiento y luego de leer varias páginas de su libro nuevo, se decidió a abrir la mochila. Era antigua de color gris viejo y portaba un poco de polvo. Nicolás la sacudió descubriendo cuatro cierres; uno de ellos poseía un candado.
En el primer bolsillo descubrió una botella de agua y varias prendas de ropa vieja. Supuso que eran de grata importancia, ya que su viaje se trataba de una expedición en las montañas más altas de Córdoba. Era una ciudad que siempre le había interesado mucho, debido a que sus antepasados provenían de allí. Siempre supo que había un gran secreto escondido en alguna de las tantas montañas, y había decidido que ese era el momento de descifrar tal misterio.
En el segundo bolsillo pudo descubrir un paquete con un cartel “abra aquí”. Pese a la tentación, Nico supuso que se trataba de una trampa por lo que decidió mantenerlo cerrado. En ese mismo bolsillo, la mochila se encontraba con una pequeña rajadura que sumaba más sospechas a su nuevo dueño.
Ahora, tocaba el tercer bolsillo. Tenía un cierre particular con forma de torre empinada, muy parecida a las fotos de las montañas que el protagonista había observado en Internet. Dentro de éste había una carta: “Soy tu guía, dentro de mí vas a encontrar todos los objetos útiles para esta gran búsqueda. No avances con temor, caminemos juntos. La respuesta al candado encerrado la encontrarás en las mismas montañas”.
La cara de Nicolás era de completo asombro. ¿Por qué alguien le había entregado una mochila llena de misterios a él? ¿Qué importancia podía llegar a tener tal objeto? ¿Debería conservarla?
Millones de preguntas distrajeron su mente, sin darse cuenta de que ya había llegado a destino. Antes de bajar observó el último cierre, que tenía un candado. Recordó lo que decía la carta y decidió que era tiempo de averiguar qué había en él. Lo primero había pasado, ya tenía confianza en su mochila y estaba preparado para iniciar una segunda aventura con ella. Debía resolver ese misterio lo más rápido posible. Una nueva misión se le aproximaba.
"Mochila" Primera versión
Nicolás se paró frente al cartel que le habían indicado. El viaje estaba a punto de comenzar. Estaba esperando el micro en retiro, cuando una persona algo extraña y de no muy buen aspecto se le acercó tímidamente ofreciéndole una mochila un tanto vieja.
¿Por qué una mochila? Pensó. Pese a su extrañamiento, decidió aceptarla (aunque desconfiadamente) e indagar qué había en ella. El hombre que se la otorgó, escapó tan rápido como pudo y se escabulló entre las demás personas.
Una vez en el micro, Nicolás luego de leer varias páginas de su libro nuevo, se decidió a abrir la mochila. Tenía cuatro cierres, y uno de ellos poseía un candado.
En el primer bolsillo descubrió una botella de agua y varias prendas de ropa vieja. Supuso que eran de grata importancia, ya que su viaje se trataba de una expedición en las montañas más altas de Córdoba. Era una ciudad que siempre le había interesado mucho, debido a que sus antepasados provenían de allí. Siempre supo que había un gran secreto escondido en alguna de las tantas montañas, y había decidido que ese era el momento de descifrar tal misterio.
En el segundo bolsillo pudo descubrir un paquete con un cartel “abra aquí”. Pese a la tentación, Nico supuso que se trataba de una trampa por lo que decidió mantenerlo cerrado. En ese mismo bolsillo, la mochila se encontraba con una pequeña rajadura que sumaba más sospechas a su nuevo dueño.
Ahora, tocaba el tercer bolsillo. Tenía un cierre particular con forma de torre empinada, muy parecida a las fotos de las montañas que el protagonista había observado en Internet. Dentro de éste había una carta: “Soy tu guía, dentro de mí vas a encontrar todos los objetos útiles para esta gran búsqueda. No avances con temor, caminemos juntos. La respuesta al candado encerrado la encontrarás en las mismas montañas”.
La cara de Nicolás era de completo asombro. ¿Por qué alguien le había entregado una mochila llena de misterios a él? ¿Qué importancia podía llegar a tener tal objeto? ¿Debería conservarla?
Millones de preguntas distrajeron su mente, sin darse cuenta de que ya había llegado a destino. Antes de bajar observó el último cierre, que tenía un candado. Recordó lo que decía la carta y decidió que era tiempo de averiguar qué había en él. Lo primero había pasado, ya tenía confianza en su mochila y estaba preparado para iniciar una segunda aventura con ella. Debía resolver ese misterio lo más rápido posible. Una nueva misión se le aproximaba.
¿Por qué una mochila? Pensó. Pese a su extrañamiento, decidió aceptarla (aunque desconfiadamente) e indagar qué había en ella. El hombre que se la otorgó, escapó tan rápido como pudo y se escabulló entre las demás personas.
Una vez en el micro, Nicolás luego de leer varias páginas de su libro nuevo, se decidió a abrir la mochila. Tenía cuatro cierres, y uno de ellos poseía un candado.
En el primer bolsillo descubrió una botella de agua y varias prendas de ropa vieja. Supuso que eran de grata importancia, ya que su viaje se trataba de una expedición en las montañas más altas de Córdoba. Era una ciudad que siempre le había interesado mucho, debido a que sus antepasados provenían de allí. Siempre supo que había un gran secreto escondido en alguna de las tantas montañas, y había decidido que ese era el momento de descifrar tal misterio.
En el segundo bolsillo pudo descubrir un paquete con un cartel “abra aquí”. Pese a la tentación, Nico supuso que se trataba de una trampa por lo que decidió mantenerlo cerrado. En ese mismo bolsillo, la mochila se encontraba con una pequeña rajadura que sumaba más sospechas a su nuevo dueño.
Ahora, tocaba el tercer bolsillo. Tenía un cierre particular con forma de torre empinada, muy parecida a las fotos de las montañas que el protagonista había observado en Internet. Dentro de éste había una carta: “Soy tu guía, dentro de mí vas a encontrar todos los objetos útiles para esta gran búsqueda. No avances con temor, caminemos juntos. La respuesta al candado encerrado la encontrarás en las mismas montañas”.
La cara de Nicolás era de completo asombro. ¿Por qué alguien le había entregado una mochila llena de misterios a él? ¿Qué importancia podía llegar a tener tal objeto? ¿Debería conservarla?
Millones de preguntas distrajeron su mente, sin darse cuenta de que ya había llegado a destino. Antes de bajar observó el último cierre, que tenía un candado. Recordó lo que decía la carta y decidió que era tiempo de averiguar qué había en él. Lo primero había pasado, ya tenía confianza en su mochila y estaba preparado para iniciar una segunda aventura con ella. Debía resolver ese misterio lo más rápido posible. Una nueva misión se le aproximaba.
sábado, 7 de mayo de 2011
Primera vez en el centro cultural Carlos Gardel.
Apenas logré desencandilarme del radiante sol que reposaba directamente en mis ojos, pude observar una gran puerta que me indicaba que había llegado al “Centro Cultural Gardel”. Empujé hacia adentro, y entré a un gran galpón refaccionado, bastante oscuro pero que me transmitía buena energía.
Me encontré con un escritorio, donde una persona sentada sobre una silla me preguntó si necesitaba algo. Le comenté que mi visita se debía a un trabajo sobre el lugar, y me explicó que podía recorrer tres distintos sectores dentro del centro, y que los espacios culturales existían de tarde para los niños y de noche para los adultos. Indagué mi duda sobre la historia del lugar, a lo que no supieron qué responderme.
Comencé mi recorrido, ingresé a la primera sala, que contaba con diversos cuadros de forma redonda colgados en una pared blanca. Éstos eran bastante parecidos entre sí. Al no encontrar nada interesante en ellos, desvié mi mirada hacia la última pared de la sala, que contaba con dos cuadros de forma cuadrada que pudieron captar más mi atención por diferenciarse del resto.
Luego aparecí nuevamente en el hall de entrada, lo examiné un buen rato y noté la existencia de una mesa ratona rodeada de sofás, los cuales daban la sensación de un living de una casa.
Desde el Hall podían verse unas escaleras que no pude averiguar a dónde conducían, pero seguí su recorrido con la vista y en el segundo nivel había dos vitrales (ambos de forma redonda, como los cuadros de la primer sala) que le daban al lugar una pinta muy interesante.
Un poco más a la derecha del Hall, había una exposición de trajes indumentarios desde la revolución de mayo hasta nuestros días. Se trataba de cómo había evolucionado la moda con el paso del tiempo. Había un cartel que decía: “La vestimenta es una forma de evidenciar los sentimientos humanos básicos”. Ésta frase me quedó dando vueltas en la cabeza, ¿realmente era así? No estaba en total acuerdo con tal afirmación, pero decidí que no era momento para perder el tiempo en corroborarla.
Comencé a mirar detalladamente las prendas desde el año 1900, sentí como si me hubiese sumergido en un viaje en el tiempo y recorrí época por época viendo los distintos tipos de vestimenta. De a momentos me olvidaba que estaba en el año 2011, mi interés por lo que se usaba en el pasado se había despertado.
Algo que me llamó la atención fue cuando llegué al “estilo charlestón”, 1920. Se hacían llamar “los años locos”, ya que luego de la primera guerra mundial, la gente joven solo quería pasarla bien. Se deshicieron de todos los convencionalismos para adoptar una vida más frívola. “Las mujeres se maquillaban, fumaban y la moda evolucionaba. Todo lo que importaba era divertirse y disfrutar. Los vestidos se acortaron y se incorporaron los flecos para darle glamour al baile”.
Justo antes de finalizar mi viaje en el tiempo, me encontré con un traje que no había visto nunca. Parecía la vestimenta de un hombre del futuro. Me pregunté si realmente en alguna época la gente se había vestido así, nada en mi cabeza se conectaba, hasta que leí el cartel que había frente al traje, el cual se preguntaba: “¿cómo será la moda en el siglo XXI?”. Se trataba de una especulación a futuro, sobre cómo los creadores de la muestra se habían imaginado el día de mañana. Personalmente, lo hubiese proyectado distinto. Creo que la ropa del futuro no será tan gris, sino más bien de colores. Me pareció que aquel traje tenía una pinta muy triste, apagado. No me gustó pensar al futuro de esa manera.
Después, siguiendo mi recorrido, me crucé con la segunda sala de exhibiciones. Una vez adentro, pude notar que era casi igual que la primera, salvo que en vez de que los cuadros sean redondos, eran todos cuadrados y estaban colgados sobre una idéntica pared blanca. El aspecto formal y prolijo me aburrió, otra vez, por lo que eché un último vistazo y salí nuevamente al Hall. Era impactante como dentro de las salas me sentía dentro de un museo por la formalidad y la perfección, y cuando me iba me transportaba a otro lado completamente: un lugar mucho más relajado, más libre, con más gracia y entretenimiento.
Conocí la sala de teatro traspasando una cortina color negra. Se trataba del tercer sector. Me pareció un lugar muy lindo y espacioso. Estaba vacío y se veía el escenario. Imaginé el mismo lugar con mucha gente y la manera en la que cambiaría su aspecto cuando haya función y público; un lugar maravilloso.
Mi recorrido había terminado por el día, agradecí al mismo hombre del escritorio y salí abriendo la misma puerta. Esta vez, me encandilé. Realmente había olvidado que afuera hacía tan lindo día.
Me encontré con un escritorio, donde una persona sentada sobre una silla me preguntó si necesitaba algo. Le comenté que mi visita se debía a un trabajo sobre el lugar, y me explicó que podía recorrer tres distintos sectores dentro del centro, y que los espacios culturales existían de tarde para los niños y de noche para los adultos. Indagué mi duda sobre la historia del lugar, a lo que no supieron qué responderme.
Comencé mi recorrido, ingresé a la primera sala, que contaba con diversos cuadros de forma redonda colgados en una pared blanca. Éstos eran bastante parecidos entre sí. Al no encontrar nada interesante en ellos, desvié mi mirada hacia la última pared de la sala, que contaba con dos cuadros de forma cuadrada que pudieron captar más mi atención por diferenciarse del resto.
Luego aparecí nuevamente en el hall de entrada, lo examiné un buen rato y noté la existencia de una mesa ratona rodeada de sofás, los cuales daban la sensación de un living de una casa.
Desde el Hall podían verse unas escaleras que no pude averiguar a dónde conducían, pero seguí su recorrido con la vista y en el segundo nivel había dos vitrales (ambos de forma redonda, como los cuadros de la primer sala) que le daban al lugar una pinta muy interesante.
Un poco más a la derecha del Hall, había una exposición de trajes indumentarios desde la revolución de mayo hasta nuestros días. Se trataba de cómo había evolucionado la moda con el paso del tiempo. Había un cartel que decía: “La vestimenta es una forma de evidenciar los sentimientos humanos básicos”. Ésta frase me quedó dando vueltas en la cabeza, ¿realmente era así? No estaba en total acuerdo con tal afirmación, pero decidí que no era momento para perder el tiempo en corroborarla.
Comencé a mirar detalladamente las prendas desde el año 1900, sentí como si me hubiese sumergido en un viaje en el tiempo y recorrí época por época viendo los distintos tipos de vestimenta. De a momentos me olvidaba que estaba en el año 2011, mi interés por lo que se usaba en el pasado se había despertado.
Algo que me llamó la atención fue cuando llegué al “estilo charlestón”, 1920. Se hacían llamar “los años locos”, ya que luego de la primera guerra mundial, la gente joven solo quería pasarla bien. Se deshicieron de todos los convencionalismos para adoptar una vida más frívola. “Las mujeres se maquillaban, fumaban y la moda evolucionaba. Todo lo que importaba era divertirse y disfrutar. Los vestidos se acortaron y se incorporaron los flecos para darle glamour al baile”.
Justo antes de finalizar mi viaje en el tiempo, me encontré con un traje que no había visto nunca. Parecía la vestimenta de un hombre del futuro. Me pregunté si realmente en alguna época la gente se había vestido así, nada en mi cabeza se conectaba, hasta que leí el cartel que había frente al traje, el cual se preguntaba: “¿cómo será la moda en el siglo XXI?”. Se trataba de una especulación a futuro, sobre cómo los creadores de la muestra se habían imaginado el día de mañana. Personalmente, lo hubiese proyectado distinto. Creo que la ropa del futuro no será tan gris, sino más bien de colores. Me pareció que aquel traje tenía una pinta muy triste, apagado. No me gustó pensar al futuro de esa manera.
Después, siguiendo mi recorrido, me crucé con la segunda sala de exhibiciones. Una vez adentro, pude notar que era casi igual que la primera, salvo que en vez de que los cuadros sean redondos, eran todos cuadrados y estaban colgados sobre una idéntica pared blanca. El aspecto formal y prolijo me aburrió, otra vez, por lo que eché un último vistazo y salí nuevamente al Hall. Era impactante como dentro de las salas me sentía dentro de un museo por la formalidad y la perfección, y cuando me iba me transportaba a otro lado completamente: un lugar mucho más relajado, más libre, con más gracia y entretenimiento.
Conocí la sala de teatro traspasando una cortina color negra. Se trataba del tercer sector. Me pareció un lugar muy lindo y espacioso. Estaba vacío y se veía el escenario. Imaginé el mismo lugar con mucha gente y la manera en la que cambiaría su aspecto cuando haya función y público; un lugar maravilloso.
Mi recorrido había terminado por el día, agradecí al mismo hombre del escritorio y salí abriendo la misma puerta. Esta vez, me encandilé. Realmente había olvidado que afuera hacía tan lindo día.
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