martes, 4 de octubre de 2011

Respuesta de la princesa de las Arenas

Estimada Clotilde:

Agradezco enormemente su preocupación hacia mi persona. Realmente el temita del turbante no es uno de los más gratos que me toca vivir, vea usted que sigo soltera. El hombre que deseo es incapaz de aceptarme tal cual soy, por motivos que usted ya conoce.
Admiro su capacidad para intentar convencerme (siempre con buenas intenciones, por supuesto) de que quitármelo es la libertad más grande que puedo regalarme, pero si la analizo más a fondo, me parece desde graciosa hasta inadecuada su propuesta.
El turbante representa para mi el secreto de la vida misma. La juventud eterna es un don que pocas poseemos (Admirable, ¿verdad?) y debemos resguardar a salvo. Cuando yo era niña, prometí a mis ancestros asumir la responsabilidad que esto merecía, incluyendo no revelar nunca el secreto ni quitarme el turbante de mi cabeza.
Sé que quizás no podré tener al hombre de mi vida, pero al ser eternamente joven, posiblemente algún hombre de otro tiempo se fijará en mí puesto que las cosas deben cambiar. El mundo es una constante transformación, y lo que hoy es prohibido, mañana es Ley. Mis anhelos de que esto suceda son gigantescos, día tras día rezo a mi Dios por que haya un cambio de actitud en el mundo, una nueva mentalidad, y lo mejor de todo, ¿sabe qué es? Que va a llegar pronto. Pronto, para mí, serán unos 80 años. ¿Qué me molesta esperar, si voy a seguir poseyendo mi preciosa cara de porcelana?
Lamento que usted no pueda decir lo mismo que yo. Sus años pronto se irán notando en cada arruga de su cara, y su pelo se pondrá blanco como el de su gato. Pero despreocúpese, podrá verme a mí y sentirse joven otra vez. ¿Nunca pensó en visitar al mago para usted? Digo, para hacerse unos retoques mágicos o algo que no la deje como “la vieja bruja”. Disculpe mi discordancia, no se lo tome mal, pero es que cuando una tiene tanta juventud por delante es inevitable realizar ese tipo de comentarios.
Respecto al tema de mi poca capacidad para el habla, o, como usted lo llama, tartamudez, puedo decir que me ofende bastante. Sinceramente es difícil encontrar la palabra precisa al momento exacto, pero nunca imposible. Su mago podría solucionarme cosas al instante, pero, ¿Dónde estaría mi esfuerzo? ¿Qué sería de mi autoestima si todo depende de los otros? Señora Clotilde, la vida es una y está llena de obstáculos. No pretenda seducirme con cosas maravillosas para que mi felicidad esté en éste instante. Soy una princesa que sabe esperar. No como las otras, todas maleducadas y malcriadas, niñas caprichosas. Mi tranquilidad endulza cualquier alma de este planeta, y sé esperar al momento exacto para que la salvación me llegue.
Pronto me conocerán (si es que usted sigue en este mundo) como la reina del habla, de la palabra y de la belleza. Le repito que la paciencia otorga todo, hay que saber esperar para conseguir buenos resultados. Si me dan todo servido, ¿Qué gano? Podría tener a mi príncipe al instante, pero, ¿Me querría por lo que realmente soy?
Yo soy esto. Soy de mi tribu y mi familia usa turbante. Hoy por hoy está prohibido en la del príncipe, pero sé que en otro tiempo todo saldrá mejor. No dejo de admitir que me encantaría que suceda ahora, pero si no se puede lo respeto. Él al igual que yo tiene sus tiempos. Se que en algún momento vendrá hacia mí.
Con respecto a usted, lamento rechazar su propuesta brujita, pero sepa que miles de otras princesas podrán caer en sus hermosas palabras tan encantadoras. Al tener paciencia, pude darme el tiempo necesario para leerla las veces que me fuese necesarias y lograr llegar a la conclusión de que prefiero seguir con mi vida tal cual está. Si hay algún cambio no vendrá de afuera, los cambios se generan de adentro, de uno mismo. Es eso lo que lleva al crecimiento.
Espero que usted pueda encontrar su propio camino sin depender tanto del otro, estoy segura que sus dotes también le cederán lo que busca. ¿Aprendizaje para la vida de una joven princesa? Busque en sí misma. Allí encontrará la respuesta. Cuando entienda que ese final felíz que tanto busca está sobre usted, dejara de intentar convencerme de que confiar en usted es la mejor alternativa.
Cariños, Princesa de las Arenas.

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