Resultó difícil acceder a la información en el lugar, puesto que nadie sabía contestarme a mi pregunta sobre la historia del mismo. Me recomendaron buscar en Google, pero no hubo caso. Esto aumentó mi intriga sobre el tema, ¿Por qué no lograba conseguir la información?
Decidí no quedarme de brazos cruzados y envié un mail a la secretaría general de cultura, casi desanimada, porque estaba segura de que no iba a obtener respuesta alguna. Sin embargo, en el mail no olvidé mencionar que era estudiante de la UBA creyendo que eso sumaría una mínima posibilidad de respuesta.
A los tres días, me llegó un mail del Lic. Diego Alonso, quien amablemente me había enviado un documento con la historia del lugar, así como también las distintas páginas web del centro que explicitaban las actividades del mismo. Quedé realmente impactada por la generosidad con la que me respondió un total desconocido. ¡Hasta me dijo que cualquier duda le vuelva a consultar!
Así comencé la investigación. El Espacio Cultural Carlos Gardel es un galpón recuperado en el año 2004, y adaptado para realizar actividades artísticas de carácter multidisciplinario. Está ubicado en el corazón de lo que se conformó a mediados de los ’80 como un circuito de servicios audiovisuales (productoras, agencias, estudios y afines) entre Chacarita y Colegiales.
Desde sus comienzos, el objetivo del centro fue constituirse en un sitio abierto a la comunidad para promover y representar los intereses culturales, y también para brindar apoyo a organizaciones educativas y sociales, ubicadas dentro de los barrios cercanos.
Su plan de gestión consistió fundamentalmente en otorgarle lugar y difusión a la tarea de los creadores y también a atender las demandas locales de arte. Además fue sede de ciertos espectáculos y actividades del ministerio de cultura y el GCBA. Es para todo esto que cuenta con un auditorio, salas para talleres y exposiciones, oficinas de administración, camarines, etc.
El ministerio de Cultura de la Ciudad se ocupa de sostenerlo económicamente.
Un “espacio de cultura” puede entenderse como un lugar que es parte del equipamiento urbano de la ciudad, que sirve para actividades recreativas o artísticas, así como también para la educación y actualización de conocimientos. Sin embargo lo importante no es la actividad en particular, sino lo que se genera en torno y a partir de ello.
Se debe distinguir “espacio cultural” de “centro cultural tradicional”, ya que en el segundo subyace la idea de organización especializada que privilegia la transferencia de conocimientos, poniendo énfasis a la formación artística de los sujetos. También es claro aclarar que los espacios culturales, actualmente se deben conceptuar como sitios que contribuyen no sólo a generar sentido a los momentos de ocio de los sujetos, sino también como fuentes nuevas de conocimiento de manera autodidacta.
En el año 2010 estuvo prevista una refacción del lugar, mejorando las instalaciones del edificio así como la calidad de los servicios. Por otro lado, generar un espacio de formación artística a partir de talleres, seminarios, clases y charlas.
El Gardél se ocupa de propuestas culturales que consideren la contemplación, interpretación y aprendizaje. Es por esto que todos los meses la programación varía de acuerdo a ejes temáticos, de modo tal que las actividades comulguen de forma directa con ejes seleccionados.
Por último Se trabajó sobre la creación de un club de chicos, cuyo sentido hizo hincapié en la educación a través del arte, y tuvo como objetivo atender a niñas y niños, para entrenarlos como intérpretes y como críticos de las distintas disciplinas artísticas.
Ahora es tiempo de aprovechar todo lo que éste espacio cultural tiene para ofrecernos.
sábado, 14 de mayo de 2011
"Primera vez en el centro cultural II"
Primera vez en ver el centro cultural
Apenas logré desencandilarme del radiante sol que reposaba directamente en mis ojos, pude observar una gran puerta que me indicaba que había llegado al “Centro Cultural Gardel”. Empujé hacia adentro, y entré a un gran galpón refaccionado, bastante oscuro pero que me transmitía buena energía.
Me encontré con un escritorio, donde una persona sentada sobre una silla me preguntó si necesitaba algo. Le comenté que mi visita se debía a que estaba realizando un trabajo sobre el lugar, y me explicó que podía recorrer tres distintos sectores dentro del centro, y que los espacios culturales existían de tarde para los niños y de noche para los adultos. Indagué mi duda sobre la historia del lugar, a lo que no supieron qué responderme.
Allí también me repartieron un folleto con las actividades culturales que se estaban llevando a cabo durante el mes de mayo. El lugar cuenta con un microcine (actualmente están proyectando un ciclo sobre “los trabajadores”, donde se exponen películas como “Marty”, “Tiempos modernos”, “Prisioneros en la tierra”). También está la sección de: Procesos (colección de pinturas-collage con paisajes de la imaginación. Se juega entre la abstracción y figuración, que ofrecen una particular visión del mundo y su enorme complejidad); Cortometrajes (“Glas”,” Vive le tour”, “El mercader de las cuatro estaciones”); Música (“El balcón”, un dúo de tango; “Gabriel Rivano”, “Mariana Pereiro & Guille Capocci”, repertorio de música sudamericana); Teatro (“Clasificlownies” para los más chicos y “¿Cómo era tu nombre?” para adultos). También cuenta con talleres (guitarra y teatro para chicos entre otros) y una biblioteca. Todas las actividades son con entrada libre y gratuita.
Luego de saber de qué se trataba el centro, decidí comenzar mi recorrido. Ingresé a la primera sala, que contaba con diversos cuadros de forma redonda colgados en una pared blanca. Éstos eran bastante parecidos entre sí. Al no encontrar nada interesante en ellos desvié mi mirada hacia la última pared de la sala, que contaba con dos cuadros de forma cuadrada que pudieron captar más mi atención por diferenciarse del resto.
Luego aparecí nuevamente en el hall de entrada, lo examiné un buen rato y noté la existencia de una mesa ratona rodeada de sofás, los cuales daban la sensación de un living de una casa.
Desde el Hall podían verse unas escaleras que no pude averiguar a dónde conducían, pero seguí su recorrido con la vista y en el segundo nivel había dos vitrales (ambos de forma redonda, como los cuadros de la primer sala) que le daban al lugar una pinta muy interesante.
Un poco más a la derecha del Hall, había una exposición de trajes indumentarios desde la Revolución de Mayo hasta nuestros días. Se trataba de cómo había evolucionado la moda con el paso del tiempo. Había un cartel que decía: “La vestimenta es una forma de evidenciar los sentimientos humanos básicos”. Ésta frase me quedó dando vueltas en la cabeza, ¿realmente era así? No estaba en total acuerdo con tal afirmación, supuse que la vestimenta, si bien era un factor importante a lo largo de la historia para la sociedad, poco tenía que ver con los sentimientos humanos. Justamente, al tratarse de algo material y poseyente de un valor, lo noté alejado sobre algo tan abstracto como el sentimiento que está ligado a lo espiritual. Sin embargo, decidí que no era momento para ampliar sobre el tema, por lo que continué mi recorrido.
Comencé a mirar detalladamente las prendas desde el año 1900, sentí como si me hubiese sumergido en un viaje en el tiempo. Recorrí época por época viendo los distintos tipos de vestimenta. De a momentos me olvidaba que estaba en el año 2011, mi interés por lo que se usaba en el pasado se había despertado.
Algo que me llamó la atención fue cuando llegué al “estilo charlestón”, de 1920. Se hacían llamar “los años locos”, ya que luego de la Primera Guerra Mundial, la gente joven solo quería pasarla bien deshaciéndose de todos los convencionalismos para adoptar una vida más frívola. “Las mujeres se maquillaban, fumaban y la moda evolucionaba. Todo lo que importaba era divertirse y disfrutar. Los vestidos se acortaron y se incorporaron los flecos para darle glamour al baile”.
Justo antes de finalizar mi viaje en el tiempo, me encontré con un traje que no había visto nunca. Parecía la vestimenta de un hombre del futuro. Me pregunté si realmente en alguna época la gente se había vestido así; Nada en mi cabeza se conectaba, hasta que leí el cartel que había frente al traje, que interrogaba: “¿cómo será la moda en el siglo XXI?”. Se trataba de una especulación a futuro, sobre cómo los creadores de la muestra se habían imaginado el día de mañana. Personalmente, lo hubiese proyectado distinto. Creo que la ropa del futuro no será tan gris, sino más bien de colores. Me pareció que aquel traje tenía una pinta muy triste, apagado. No me gustó pensar al futuro de esa manera. Admito que un aire de angustia e incertidumbre recorrió mi cuerpo.
Me crucé después con la segunda sala de exhibiciones. Una vez adentro, pude notar que era casi igual que la primera, salvo que en vez de que los cuadros sean redondos, eran todos cuadrados y estaban colgados sobre una idéntica pared blanca. El aspecto formal y prolijo me aburrió, otra vez, por lo que eché un último vistazo y salí nuevamente al Hall. Era impactante como dentro de las salas me sentía dentro de un museo por la formalidad y la perfección, y cuando me iba me transportaba a otro lado completamente: un lugar mucho más relajado, más libre, con más gracia y entretenimiento.
Conocí la sala de teatro traspasando una cortina color negra. Se trataba del tercer sector. Me pareció un lugar muy lindo y espacioso. Estaba vacío y se veía el escenario. Imaginé el mismo lugar con mucha gente y la manera en la que cambiaría su aspecto cuando haya función y público; un lugar maravilloso.
Mi recorrido había terminado por el día, agradecí al mismo hombre del escritorio y salí abriendo la misma puerta. Esta vez, me encandilé. Realmente había olvidado que afuera hacía tan lindo día.
Apenas logré desencandilarme del radiante sol que reposaba directamente en mis ojos, pude observar una gran puerta que me indicaba que había llegado al “Centro Cultural Gardel”. Empujé hacia adentro, y entré a un gran galpón refaccionado, bastante oscuro pero que me transmitía buena energía.
Me encontré con un escritorio, donde una persona sentada sobre una silla me preguntó si necesitaba algo. Le comenté que mi visita se debía a que estaba realizando un trabajo sobre el lugar, y me explicó que podía recorrer tres distintos sectores dentro del centro, y que los espacios culturales existían de tarde para los niños y de noche para los adultos. Indagué mi duda sobre la historia del lugar, a lo que no supieron qué responderme.
Allí también me repartieron un folleto con las actividades culturales que se estaban llevando a cabo durante el mes de mayo. El lugar cuenta con un microcine (actualmente están proyectando un ciclo sobre “los trabajadores”, donde se exponen películas como “Marty”, “Tiempos modernos”, “Prisioneros en la tierra”). También está la sección de: Procesos (colección de pinturas-collage con paisajes de la imaginación. Se juega entre la abstracción y figuración, que ofrecen una particular visión del mundo y su enorme complejidad); Cortometrajes (“Glas”,” Vive le tour”, “El mercader de las cuatro estaciones”); Música (“El balcón”, un dúo de tango; “Gabriel Rivano”, “Mariana Pereiro & Guille Capocci”, repertorio de música sudamericana); Teatro (“Clasificlownies” para los más chicos y “¿Cómo era tu nombre?” para adultos). También cuenta con talleres (guitarra y teatro para chicos entre otros) y una biblioteca. Todas las actividades son con entrada libre y gratuita.
Luego de saber de qué se trataba el centro, decidí comenzar mi recorrido. Ingresé a la primera sala, que contaba con diversos cuadros de forma redonda colgados en una pared blanca. Éstos eran bastante parecidos entre sí. Al no encontrar nada interesante en ellos desvié mi mirada hacia la última pared de la sala, que contaba con dos cuadros de forma cuadrada que pudieron captar más mi atención por diferenciarse del resto.
Luego aparecí nuevamente en el hall de entrada, lo examiné un buen rato y noté la existencia de una mesa ratona rodeada de sofás, los cuales daban la sensación de un living de una casa.
Desde el Hall podían verse unas escaleras que no pude averiguar a dónde conducían, pero seguí su recorrido con la vista y en el segundo nivel había dos vitrales (ambos de forma redonda, como los cuadros de la primer sala) que le daban al lugar una pinta muy interesante.
Un poco más a la derecha del Hall, había una exposición de trajes indumentarios desde la Revolución de Mayo hasta nuestros días. Se trataba de cómo había evolucionado la moda con el paso del tiempo. Había un cartel que decía: “La vestimenta es una forma de evidenciar los sentimientos humanos básicos”. Ésta frase me quedó dando vueltas en la cabeza, ¿realmente era así? No estaba en total acuerdo con tal afirmación, supuse que la vestimenta, si bien era un factor importante a lo largo de la historia para la sociedad, poco tenía que ver con los sentimientos humanos. Justamente, al tratarse de algo material y poseyente de un valor, lo noté alejado sobre algo tan abstracto como el sentimiento que está ligado a lo espiritual. Sin embargo, decidí que no era momento para ampliar sobre el tema, por lo que continué mi recorrido.
Comencé a mirar detalladamente las prendas desde el año 1900, sentí como si me hubiese sumergido en un viaje en el tiempo. Recorrí época por época viendo los distintos tipos de vestimenta. De a momentos me olvidaba que estaba en el año 2011, mi interés por lo que se usaba en el pasado se había despertado.
Algo que me llamó la atención fue cuando llegué al “estilo charlestón”, de 1920. Se hacían llamar “los años locos”, ya que luego de la Primera Guerra Mundial, la gente joven solo quería pasarla bien deshaciéndose de todos los convencionalismos para adoptar una vida más frívola. “Las mujeres se maquillaban, fumaban y la moda evolucionaba. Todo lo que importaba era divertirse y disfrutar. Los vestidos se acortaron y se incorporaron los flecos para darle glamour al baile”.
Justo antes de finalizar mi viaje en el tiempo, me encontré con un traje que no había visto nunca. Parecía la vestimenta de un hombre del futuro. Me pregunté si realmente en alguna época la gente se había vestido así; Nada en mi cabeza se conectaba, hasta que leí el cartel que había frente al traje, que interrogaba: “¿cómo será la moda en el siglo XXI?”. Se trataba de una especulación a futuro, sobre cómo los creadores de la muestra se habían imaginado el día de mañana. Personalmente, lo hubiese proyectado distinto. Creo que la ropa del futuro no será tan gris, sino más bien de colores. Me pareció que aquel traje tenía una pinta muy triste, apagado. No me gustó pensar al futuro de esa manera. Admito que un aire de angustia e incertidumbre recorrió mi cuerpo.
Me crucé después con la segunda sala de exhibiciones. Una vez adentro, pude notar que era casi igual que la primera, salvo que en vez de que los cuadros sean redondos, eran todos cuadrados y estaban colgados sobre una idéntica pared blanca. El aspecto formal y prolijo me aburrió, otra vez, por lo que eché un último vistazo y salí nuevamente al Hall. Era impactante como dentro de las salas me sentía dentro de un museo por la formalidad y la perfección, y cuando me iba me transportaba a otro lado completamente: un lugar mucho más relajado, más libre, con más gracia y entretenimiento.
Conocí la sala de teatro traspasando una cortina color negra. Se trataba del tercer sector. Me pareció un lugar muy lindo y espacioso. Estaba vacío y se veía el escenario. Imaginé el mismo lugar con mucha gente y la manera en la que cambiaría su aspecto cuando haya función y público; un lugar maravilloso.
Mi recorrido había terminado por el día, agradecí al mismo hombre del escritorio y salí abriendo la misma puerta. Esta vez, me encandilé. Realmente había olvidado que afuera hacía tan lindo día.
martes, 10 de mayo de 2011
"Mochila" Segunda versión.
Nicolás se paró frente al cartel que le habían indicado. El viaje estaba a punto de comenzar. Estaba esperando el micro en retiro, cuando una persona algo extraña y de no muy buen aspecto se le acercó tímidamente ofreciéndole una mochila un tanto vieja.
El hombre portaba una capa de color marrón viejo, y cubría su cara con un turbante que, honestamente, nunca había visto en su vida. Su aspecto era extraño, tanto que hasta daba miedo. A Nicolás se le cruzaron varias imágenes por su cabeza, la primera de todas fue salir corriendo. Pero, era hora de superar los prejuicios. ¿Y si las intenciones de aquel sujeto no eran malas? ¿Y si tenía algo importante que decirle? El miedo lo dejó de lado, y confió en que la suerte del destino estaba de su lado.
Pese a su extrañamiento, decidió aceptar la mochila (aunque un poco desconfiadamente). Cuando la agarró, erróneamente tocó la mano del hombre que se la estaba otorgando y ahí muchas sensaciones fluyeron por su cuerpo. Era tristeza, alegría, emoción y miedo a la vez. Sabía que aquel hombre tenía algo especial para transmitir, pero que, por alguna razón, no podía hacerlo mediante la palabra. Sentía que le estaban entregando una herramienta esencial para descubrir algo, algo que todavía no sabía bien qué era, y debía descubrirlo.
Luego del contacto físico, el hombre escapó tan rápido como pudo y se escabulló entre las demás personas. Hasta se podría decir que desapareció.
Nunca había vivido eso en su vida. Nunca nadie le había regalado nada tan desinteresadamente. Nunca le había tocado ser “el elegido”. Todo era extraño y él mismo se asombraba de su coraje, porque en ningún momento sintió miedo. Estaba en un estado de shock, por supuesto, con la mochila colgando de su brazo derecho. Sonó la campana, el micro estaba por salir.
Se sentó sobre su asiento y luego de leer varias páginas de su libro nuevo, se decidió a abrir la mochila. Era antigua de color gris viejo y portaba un poco de polvo. Nicolás la sacudió descubriendo cuatro cierres; uno de ellos poseía un candado.
En el primer bolsillo descubrió una botella de agua y varias prendas de ropa vieja. Supuso que eran de grata importancia, ya que su viaje se trataba de una expedición en las montañas más altas de Córdoba. Era una ciudad que siempre le había interesado mucho, debido a que sus antepasados provenían de allí. Siempre supo que había un gran secreto escondido en alguna de las tantas montañas, y había decidido que ese era el momento de descifrar tal misterio.
En el segundo bolsillo pudo descubrir un paquete con un cartel “abra aquí”. Pese a la tentación, Nico supuso que se trataba de una trampa por lo que decidió mantenerlo cerrado. En ese mismo bolsillo, la mochila se encontraba con una pequeña rajadura que sumaba más sospechas a su nuevo dueño.
Ahora, tocaba el tercer bolsillo. Tenía un cierre particular con forma de torre empinada, muy parecida a las fotos de las montañas que el protagonista había observado en Internet. Dentro de éste había una carta: “Soy tu guía, dentro de mí vas a encontrar todos los objetos útiles para esta gran búsqueda. No avances con temor, caminemos juntos. La respuesta al candado encerrado la encontrarás en las mismas montañas”.
La cara de Nicolás era de completo asombro. ¿Por qué alguien le había entregado una mochila llena de misterios a él? ¿Qué importancia podía llegar a tener tal objeto? ¿Debería conservarla?
Millones de preguntas distrajeron su mente, sin darse cuenta de que ya había llegado a destino. Antes de bajar observó el último cierre, que tenía un candado. Recordó lo que decía la carta y decidió que era tiempo de averiguar qué había en él. Lo primero había pasado, ya tenía confianza en su mochila y estaba preparado para iniciar una segunda aventura con ella. Debía resolver ese misterio lo más rápido posible. Una nueva misión se le aproximaba.
El hombre portaba una capa de color marrón viejo, y cubría su cara con un turbante que, honestamente, nunca había visto en su vida. Su aspecto era extraño, tanto que hasta daba miedo. A Nicolás se le cruzaron varias imágenes por su cabeza, la primera de todas fue salir corriendo. Pero, era hora de superar los prejuicios. ¿Y si las intenciones de aquel sujeto no eran malas? ¿Y si tenía algo importante que decirle? El miedo lo dejó de lado, y confió en que la suerte del destino estaba de su lado.
Pese a su extrañamiento, decidió aceptar la mochila (aunque un poco desconfiadamente). Cuando la agarró, erróneamente tocó la mano del hombre que se la estaba otorgando y ahí muchas sensaciones fluyeron por su cuerpo. Era tristeza, alegría, emoción y miedo a la vez. Sabía que aquel hombre tenía algo especial para transmitir, pero que, por alguna razón, no podía hacerlo mediante la palabra. Sentía que le estaban entregando una herramienta esencial para descubrir algo, algo que todavía no sabía bien qué era, y debía descubrirlo.
Luego del contacto físico, el hombre escapó tan rápido como pudo y se escabulló entre las demás personas. Hasta se podría decir que desapareció.
Nunca había vivido eso en su vida. Nunca nadie le había regalado nada tan desinteresadamente. Nunca le había tocado ser “el elegido”. Todo era extraño y él mismo se asombraba de su coraje, porque en ningún momento sintió miedo. Estaba en un estado de shock, por supuesto, con la mochila colgando de su brazo derecho. Sonó la campana, el micro estaba por salir.
Se sentó sobre su asiento y luego de leer varias páginas de su libro nuevo, se decidió a abrir la mochila. Era antigua de color gris viejo y portaba un poco de polvo. Nicolás la sacudió descubriendo cuatro cierres; uno de ellos poseía un candado.
En el primer bolsillo descubrió una botella de agua y varias prendas de ropa vieja. Supuso que eran de grata importancia, ya que su viaje se trataba de una expedición en las montañas más altas de Córdoba. Era una ciudad que siempre le había interesado mucho, debido a que sus antepasados provenían de allí. Siempre supo que había un gran secreto escondido en alguna de las tantas montañas, y había decidido que ese era el momento de descifrar tal misterio.
En el segundo bolsillo pudo descubrir un paquete con un cartel “abra aquí”. Pese a la tentación, Nico supuso que se trataba de una trampa por lo que decidió mantenerlo cerrado. En ese mismo bolsillo, la mochila se encontraba con una pequeña rajadura que sumaba más sospechas a su nuevo dueño.
Ahora, tocaba el tercer bolsillo. Tenía un cierre particular con forma de torre empinada, muy parecida a las fotos de las montañas que el protagonista había observado en Internet. Dentro de éste había una carta: “Soy tu guía, dentro de mí vas a encontrar todos los objetos útiles para esta gran búsqueda. No avances con temor, caminemos juntos. La respuesta al candado encerrado la encontrarás en las mismas montañas”.
La cara de Nicolás era de completo asombro. ¿Por qué alguien le había entregado una mochila llena de misterios a él? ¿Qué importancia podía llegar a tener tal objeto? ¿Debería conservarla?
Millones de preguntas distrajeron su mente, sin darse cuenta de que ya había llegado a destino. Antes de bajar observó el último cierre, que tenía un candado. Recordó lo que decía la carta y decidió que era tiempo de averiguar qué había en él. Lo primero había pasado, ya tenía confianza en su mochila y estaba preparado para iniciar una segunda aventura con ella. Debía resolver ese misterio lo más rápido posible. Una nueva misión se le aproximaba.
"Mochila" Primera versión
Nicolás se paró frente al cartel que le habían indicado. El viaje estaba a punto de comenzar. Estaba esperando el micro en retiro, cuando una persona algo extraña y de no muy buen aspecto se le acercó tímidamente ofreciéndole una mochila un tanto vieja.
¿Por qué una mochila? Pensó. Pese a su extrañamiento, decidió aceptarla (aunque desconfiadamente) e indagar qué había en ella. El hombre que se la otorgó, escapó tan rápido como pudo y se escabulló entre las demás personas.
Una vez en el micro, Nicolás luego de leer varias páginas de su libro nuevo, se decidió a abrir la mochila. Tenía cuatro cierres, y uno de ellos poseía un candado.
En el primer bolsillo descubrió una botella de agua y varias prendas de ropa vieja. Supuso que eran de grata importancia, ya que su viaje se trataba de una expedición en las montañas más altas de Córdoba. Era una ciudad que siempre le había interesado mucho, debido a que sus antepasados provenían de allí. Siempre supo que había un gran secreto escondido en alguna de las tantas montañas, y había decidido que ese era el momento de descifrar tal misterio.
En el segundo bolsillo pudo descubrir un paquete con un cartel “abra aquí”. Pese a la tentación, Nico supuso que se trataba de una trampa por lo que decidió mantenerlo cerrado. En ese mismo bolsillo, la mochila se encontraba con una pequeña rajadura que sumaba más sospechas a su nuevo dueño.
Ahora, tocaba el tercer bolsillo. Tenía un cierre particular con forma de torre empinada, muy parecida a las fotos de las montañas que el protagonista había observado en Internet. Dentro de éste había una carta: “Soy tu guía, dentro de mí vas a encontrar todos los objetos útiles para esta gran búsqueda. No avances con temor, caminemos juntos. La respuesta al candado encerrado la encontrarás en las mismas montañas”.
La cara de Nicolás era de completo asombro. ¿Por qué alguien le había entregado una mochila llena de misterios a él? ¿Qué importancia podía llegar a tener tal objeto? ¿Debería conservarla?
Millones de preguntas distrajeron su mente, sin darse cuenta de que ya había llegado a destino. Antes de bajar observó el último cierre, que tenía un candado. Recordó lo que decía la carta y decidió que era tiempo de averiguar qué había en él. Lo primero había pasado, ya tenía confianza en su mochila y estaba preparado para iniciar una segunda aventura con ella. Debía resolver ese misterio lo más rápido posible. Una nueva misión se le aproximaba.
¿Por qué una mochila? Pensó. Pese a su extrañamiento, decidió aceptarla (aunque desconfiadamente) e indagar qué había en ella. El hombre que se la otorgó, escapó tan rápido como pudo y se escabulló entre las demás personas.
Una vez en el micro, Nicolás luego de leer varias páginas de su libro nuevo, se decidió a abrir la mochila. Tenía cuatro cierres, y uno de ellos poseía un candado.
En el primer bolsillo descubrió una botella de agua y varias prendas de ropa vieja. Supuso que eran de grata importancia, ya que su viaje se trataba de una expedición en las montañas más altas de Córdoba. Era una ciudad que siempre le había interesado mucho, debido a que sus antepasados provenían de allí. Siempre supo que había un gran secreto escondido en alguna de las tantas montañas, y había decidido que ese era el momento de descifrar tal misterio.
En el segundo bolsillo pudo descubrir un paquete con un cartel “abra aquí”. Pese a la tentación, Nico supuso que se trataba de una trampa por lo que decidió mantenerlo cerrado. En ese mismo bolsillo, la mochila se encontraba con una pequeña rajadura que sumaba más sospechas a su nuevo dueño.
Ahora, tocaba el tercer bolsillo. Tenía un cierre particular con forma de torre empinada, muy parecida a las fotos de las montañas que el protagonista había observado en Internet. Dentro de éste había una carta: “Soy tu guía, dentro de mí vas a encontrar todos los objetos útiles para esta gran búsqueda. No avances con temor, caminemos juntos. La respuesta al candado encerrado la encontrarás en las mismas montañas”.
La cara de Nicolás era de completo asombro. ¿Por qué alguien le había entregado una mochila llena de misterios a él? ¿Qué importancia podía llegar a tener tal objeto? ¿Debería conservarla?
Millones de preguntas distrajeron su mente, sin darse cuenta de que ya había llegado a destino. Antes de bajar observó el último cierre, que tenía un candado. Recordó lo que decía la carta y decidió que era tiempo de averiguar qué había en él. Lo primero había pasado, ya tenía confianza en su mochila y estaba preparado para iniciar una segunda aventura con ella. Debía resolver ese misterio lo más rápido posible. Una nueva misión se le aproximaba.
sábado, 7 de mayo de 2011
Primera vez en el centro cultural Carlos Gardel.
Apenas logré desencandilarme del radiante sol que reposaba directamente en mis ojos, pude observar una gran puerta que me indicaba que había llegado al “Centro Cultural Gardel”. Empujé hacia adentro, y entré a un gran galpón refaccionado, bastante oscuro pero que me transmitía buena energía.
Me encontré con un escritorio, donde una persona sentada sobre una silla me preguntó si necesitaba algo. Le comenté que mi visita se debía a un trabajo sobre el lugar, y me explicó que podía recorrer tres distintos sectores dentro del centro, y que los espacios culturales existían de tarde para los niños y de noche para los adultos. Indagué mi duda sobre la historia del lugar, a lo que no supieron qué responderme.
Comencé mi recorrido, ingresé a la primera sala, que contaba con diversos cuadros de forma redonda colgados en una pared blanca. Éstos eran bastante parecidos entre sí. Al no encontrar nada interesante en ellos, desvié mi mirada hacia la última pared de la sala, que contaba con dos cuadros de forma cuadrada que pudieron captar más mi atención por diferenciarse del resto.
Luego aparecí nuevamente en el hall de entrada, lo examiné un buen rato y noté la existencia de una mesa ratona rodeada de sofás, los cuales daban la sensación de un living de una casa.
Desde el Hall podían verse unas escaleras que no pude averiguar a dónde conducían, pero seguí su recorrido con la vista y en el segundo nivel había dos vitrales (ambos de forma redonda, como los cuadros de la primer sala) que le daban al lugar una pinta muy interesante.
Un poco más a la derecha del Hall, había una exposición de trajes indumentarios desde la revolución de mayo hasta nuestros días. Se trataba de cómo había evolucionado la moda con el paso del tiempo. Había un cartel que decía: “La vestimenta es una forma de evidenciar los sentimientos humanos básicos”. Ésta frase me quedó dando vueltas en la cabeza, ¿realmente era así? No estaba en total acuerdo con tal afirmación, pero decidí que no era momento para perder el tiempo en corroborarla.
Comencé a mirar detalladamente las prendas desde el año 1900, sentí como si me hubiese sumergido en un viaje en el tiempo y recorrí época por época viendo los distintos tipos de vestimenta. De a momentos me olvidaba que estaba en el año 2011, mi interés por lo que se usaba en el pasado se había despertado.
Algo que me llamó la atención fue cuando llegué al “estilo charlestón”, 1920. Se hacían llamar “los años locos”, ya que luego de la primera guerra mundial, la gente joven solo quería pasarla bien. Se deshicieron de todos los convencionalismos para adoptar una vida más frívola. “Las mujeres se maquillaban, fumaban y la moda evolucionaba. Todo lo que importaba era divertirse y disfrutar. Los vestidos se acortaron y se incorporaron los flecos para darle glamour al baile”.
Justo antes de finalizar mi viaje en el tiempo, me encontré con un traje que no había visto nunca. Parecía la vestimenta de un hombre del futuro. Me pregunté si realmente en alguna época la gente se había vestido así, nada en mi cabeza se conectaba, hasta que leí el cartel que había frente al traje, el cual se preguntaba: “¿cómo será la moda en el siglo XXI?”. Se trataba de una especulación a futuro, sobre cómo los creadores de la muestra se habían imaginado el día de mañana. Personalmente, lo hubiese proyectado distinto. Creo que la ropa del futuro no será tan gris, sino más bien de colores. Me pareció que aquel traje tenía una pinta muy triste, apagado. No me gustó pensar al futuro de esa manera.
Después, siguiendo mi recorrido, me crucé con la segunda sala de exhibiciones. Una vez adentro, pude notar que era casi igual que la primera, salvo que en vez de que los cuadros sean redondos, eran todos cuadrados y estaban colgados sobre una idéntica pared blanca. El aspecto formal y prolijo me aburrió, otra vez, por lo que eché un último vistazo y salí nuevamente al Hall. Era impactante como dentro de las salas me sentía dentro de un museo por la formalidad y la perfección, y cuando me iba me transportaba a otro lado completamente: un lugar mucho más relajado, más libre, con más gracia y entretenimiento.
Conocí la sala de teatro traspasando una cortina color negra. Se trataba del tercer sector. Me pareció un lugar muy lindo y espacioso. Estaba vacío y se veía el escenario. Imaginé el mismo lugar con mucha gente y la manera en la que cambiaría su aspecto cuando haya función y público; un lugar maravilloso.
Mi recorrido había terminado por el día, agradecí al mismo hombre del escritorio y salí abriendo la misma puerta. Esta vez, me encandilé. Realmente había olvidado que afuera hacía tan lindo día.
Me encontré con un escritorio, donde una persona sentada sobre una silla me preguntó si necesitaba algo. Le comenté que mi visita se debía a un trabajo sobre el lugar, y me explicó que podía recorrer tres distintos sectores dentro del centro, y que los espacios culturales existían de tarde para los niños y de noche para los adultos. Indagué mi duda sobre la historia del lugar, a lo que no supieron qué responderme.
Comencé mi recorrido, ingresé a la primera sala, que contaba con diversos cuadros de forma redonda colgados en una pared blanca. Éstos eran bastante parecidos entre sí. Al no encontrar nada interesante en ellos, desvié mi mirada hacia la última pared de la sala, que contaba con dos cuadros de forma cuadrada que pudieron captar más mi atención por diferenciarse del resto.
Luego aparecí nuevamente en el hall de entrada, lo examiné un buen rato y noté la existencia de una mesa ratona rodeada de sofás, los cuales daban la sensación de un living de una casa.
Desde el Hall podían verse unas escaleras que no pude averiguar a dónde conducían, pero seguí su recorrido con la vista y en el segundo nivel había dos vitrales (ambos de forma redonda, como los cuadros de la primer sala) que le daban al lugar una pinta muy interesante.
Un poco más a la derecha del Hall, había una exposición de trajes indumentarios desde la revolución de mayo hasta nuestros días. Se trataba de cómo había evolucionado la moda con el paso del tiempo. Había un cartel que decía: “La vestimenta es una forma de evidenciar los sentimientos humanos básicos”. Ésta frase me quedó dando vueltas en la cabeza, ¿realmente era así? No estaba en total acuerdo con tal afirmación, pero decidí que no era momento para perder el tiempo en corroborarla.
Comencé a mirar detalladamente las prendas desde el año 1900, sentí como si me hubiese sumergido en un viaje en el tiempo y recorrí época por época viendo los distintos tipos de vestimenta. De a momentos me olvidaba que estaba en el año 2011, mi interés por lo que se usaba en el pasado se había despertado.
Algo que me llamó la atención fue cuando llegué al “estilo charlestón”, 1920. Se hacían llamar “los años locos”, ya que luego de la primera guerra mundial, la gente joven solo quería pasarla bien. Se deshicieron de todos los convencionalismos para adoptar una vida más frívola. “Las mujeres se maquillaban, fumaban y la moda evolucionaba. Todo lo que importaba era divertirse y disfrutar. Los vestidos se acortaron y se incorporaron los flecos para darle glamour al baile”.
Justo antes de finalizar mi viaje en el tiempo, me encontré con un traje que no había visto nunca. Parecía la vestimenta de un hombre del futuro. Me pregunté si realmente en alguna época la gente se había vestido así, nada en mi cabeza se conectaba, hasta que leí el cartel que había frente al traje, el cual se preguntaba: “¿cómo será la moda en el siglo XXI?”. Se trataba de una especulación a futuro, sobre cómo los creadores de la muestra se habían imaginado el día de mañana. Personalmente, lo hubiese proyectado distinto. Creo que la ropa del futuro no será tan gris, sino más bien de colores. Me pareció que aquel traje tenía una pinta muy triste, apagado. No me gustó pensar al futuro de esa manera.
Después, siguiendo mi recorrido, me crucé con la segunda sala de exhibiciones. Una vez adentro, pude notar que era casi igual que la primera, salvo que en vez de que los cuadros sean redondos, eran todos cuadrados y estaban colgados sobre una idéntica pared blanca. El aspecto formal y prolijo me aburrió, otra vez, por lo que eché un último vistazo y salí nuevamente al Hall. Era impactante como dentro de las salas me sentía dentro de un museo por la formalidad y la perfección, y cuando me iba me transportaba a otro lado completamente: un lugar mucho más relajado, más libre, con más gracia y entretenimiento.
Conocí la sala de teatro traspasando una cortina color negra. Se trataba del tercer sector. Me pareció un lugar muy lindo y espacioso. Estaba vacío y se veía el escenario. Imaginé el mismo lugar con mucha gente y la manera en la que cambiaría su aspecto cuando haya función y público; un lugar maravilloso.
Mi recorrido había terminado por el día, agradecí al mismo hombre del escritorio y salí abriendo la misma puerta. Esta vez, me encandilé. Realmente había olvidado que afuera hacía tan lindo día.
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