Apenas logré desencandilarme del radiante sol que reposaba directamente en mis ojos, pude observar una gran puerta que me indicaba que había llegado al “Centro Cultural Gardel”. Empujé hacia adentro, y entré a un gran galpón refaccionado, bastante oscuro pero que me transmitía buena energía.
Me encontré con un escritorio, donde una persona sentada sobre una silla me preguntó si necesitaba algo. Le comenté que mi visita se debía a un trabajo sobre el lugar, y me explicó que podía recorrer tres distintos sectores dentro del centro, y que los espacios culturales existían de tarde para los niños y de noche para los adultos. Indagué mi duda sobre la historia del lugar, a lo que no supieron qué responderme.
Comencé mi recorrido, ingresé a la primera sala, que contaba con diversos cuadros de forma redonda colgados en una pared blanca. Éstos eran bastante parecidos entre sí. Al no encontrar nada interesante en ellos, desvié mi mirada hacia la última pared de la sala, que contaba con dos cuadros de forma cuadrada que pudieron captar más mi atención por diferenciarse del resto.
Luego aparecí nuevamente en el hall de entrada, lo examiné un buen rato y noté la existencia de una mesa ratona rodeada de sofás, los cuales daban la sensación de un living de una casa.
Desde el Hall podían verse unas escaleras que no pude averiguar a dónde conducían, pero seguí su recorrido con la vista y en el segundo nivel había dos vitrales (ambos de forma redonda, como los cuadros de la primer sala) que le daban al lugar una pinta muy interesante.
Un poco más a la derecha del Hall, había una exposición de trajes indumentarios desde la revolución de mayo hasta nuestros días. Se trataba de cómo había evolucionado la moda con el paso del tiempo. Había un cartel que decía: “La vestimenta es una forma de evidenciar los sentimientos humanos básicos”. Ésta frase me quedó dando vueltas en la cabeza, ¿realmente era así? No estaba en total acuerdo con tal afirmación, pero decidí que no era momento para perder el tiempo en corroborarla.
Comencé a mirar detalladamente las prendas desde el año 1900, sentí como si me hubiese sumergido en un viaje en el tiempo y recorrí época por época viendo los distintos tipos de vestimenta. De a momentos me olvidaba que estaba en el año 2011, mi interés por lo que se usaba en el pasado se había despertado.
Algo que me llamó la atención fue cuando llegué al “estilo charlestón”, 1920. Se hacían llamar “los años locos”, ya que luego de la primera guerra mundial, la gente joven solo quería pasarla bien. Se deshicieron de todos los convencionalismos para adoptar una vida más frívola. “Las mujeres se maquillaban, fumaban y la moda evolucionaba. Todo lo que importaba era divertirse y disfrutar. Los vestidos se acortaron y se incorporaron los flecos para darle glamour al baile”.
Justo antes de finalizar mi viaje en el tiempo, me encontré con un traje que no había visto nunca. Parecía la vestimenta de un hombre del futuro. Me pregunté si realmente en alguna época la gente se había vestido así, nada en mi cabeza se conectaba, hasta que leí el cartel que había frente al traje, el cual se preguntaba: “¿cómo será la moda en el siglo XXI?”. Se trataba de una especulación a futuro, sobre cómo los creadores de la muestra se habían imaginado el día de mañana. Personalmente, lo hubiese proyectado distinto. Creo que la ropa del futuro no será tan gris, sino más bien de colores. Me pareció que aquel traje tenía una pinta muy triste, apagado. No me gustó pensar al futuro de esa manera.
Después, siguiendo mi recorrido, me crucé con la segunda sala de exhibiciones. Una vez adentro, pude notar que era casi igual que la primera, salvo que en vez de que los cuadros sean redondos, eran todos cuadrados y estaban colgados sobre una idéntica pared blanca. El aspecto formal y prolijo me aburrió, otra vez, por lo que eché un último vistazo y salí nuevamente al Hall. Era impactante como dentro de las salas me sentía dentro de un museo por la formalidad y la perfección, y cuando me iba me transportaba a otro lado completamente: un lugar mucho más relajado, más libre, con más gracia y entretenimiento.
Conocí la sala de teatro traspasando una cortina color negra. Se trataba del tercer sector. Me pareció un lugar muy lindo y espacioso. Estaba vacío y se veía el escenario. Imaginé el mismo lugar con mucha gente y la manera en la que cambiaría su aspecto cuando haya función y público; un lugar maravilloso.
Mi recorrido había terminado por el día, agradecí al mismo hombre del escritorio y salí abriendo la misma puerta. Esta vez, me encandilé. Realmente había olvidado que afuera hacía tan lindo día.
Hola Sasha,
ResponderEliminarSería bueno que subieras también los trabajos anteriores al blog.
Con respecto a éste:
*Sería bueno que contaras qué actividades se llevan a cabo en el lugar. Qué agenda está ofreciendo el centro estos días?
*"Había un cartel que decía: “La vestimenta es una forma de evidenciar los sentimientos humanos básicos”. Ésta frase me quedó dando vueltas en la cabeza, ¿realmente era así? No estaba en total acuerdo con tal afirmación, pero decidí que no era momento para perder el tiempo en corroborarla.": Podés extenderte un poquito en discutir la frase si no la compartís. La idea no sería que esto ocupe un lugar central en el texto, pero como parte de tus impresiones, puede aportar.
*Con respecto a la historia del lugar, una vía que podrías intentar es, para empezar, "googlear" al centro. Pero si eso no funciona, será cuestión de tratar de conseguir algún contacto de sus autoridades en el Gardel o averiguar sus nombres para conseguir quizás su correo electrónico por Internet. Y en última instancia, escribir a alguna entidad gubernamental que se encargue de la administración de los centros culturales de la Ciudad pidiéndole ayuda. Dicen que el que busca, encuentra...
Saludos!
A mi tambien me parecio un lugar oscuro y al salir el sol bloqueo mi vision.
ResponderEliminarPude recorrer el segundo piso y lo que habia en el. Hay una biblioteca y la sala donde se proyectan peliculas.
A mi tambien me gusto la parte donde esta el escenario. El resto, no me llamo la atencion. No senti que fuera un lugar para mi.